Fui forastero y me acogisteis

El deber de proteger a los inocentes

El principio de humanidad,  inscrito en la conciencia de cada persona y pueblo, conlleva la obligación de  proteger a la población civil de los efectos de la guerra:  « Esa mínima protección de la dignidad de todo ser humano, garantizada por el  derecho internacional humanitario, muy a menudo es violada en nombre de  exigencias militares o políticas, que jamás deberían prevalecer sobre el valor  de la persona humana. Es necesario hoy lograr un nuevo consenso sobre los  principios humanitarios y reforzar sus fundamentos, para impedir que se repitan  atrocidades y abusos ».

Una categoría especial de víctimas de la guerra son los refugiados, que a  causa de los combates se ven obligados a huir de los lugares donde viven  habitualmente, hasta encontrar protección en países diferentes de donde  nacieron. La Iglesia muestra por ellos un especial cuidado, no sólo con la  presencia pastoral y el socorro material, sino también con el compromiso de  defender su dignidad humana: « La solicitud por los refugiados nos debe  estimular a reafirmar y subrayar los derechos humanos, universalmente  reconocidos, y a pedir que también para ellos sean efectivamente aplicados » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 505).

 

Para profundizar

A vosotros, por tanto, a cada uno individualmente y a cada comunidad de la Iglesia católica dirijo mi apremiante exhortación en esta Cuaresma, para buscar todas las posibilidades existentes con miras a socorrer a los hermanos refugiados y desplazados, organizando adecuadas obras de acogida para favorecer su plena inserción en la sociedad civil, mostrando apertura de mente y calor humano.

La solicitud por los refugiados nos debe estimular a reafirmar y subrayar los derechos humanos, universalmente reconocidos, y a pedir que también para ellos sean efectivamente aplicados. Como lo mencionaba el 3 de junio 1986, con ocasión de la entrega del Premio Internacional de la Paz Juan XXIII al "Catholic Office for Emergency Relief and Refugees" (COERR) de Tailandia, la Encíclica Pacem in terris de aquel gran Pontífice había ya subrayado la urgencia de que los derechos del refugiado deben serles reconocidos como personas; y afirmaba que «es deber nuestro garantizar siempre los inalienables derechos, que son inherentes a todo ser humano y no están condicionados por factores naturales o por situaciones socio-políticas» (Insegnamenti, IX, 1, 1986, p. 1751). Se tratará, pues, de garantizar a los refugiados el derecho de constituir una familia o de integrarse a ella; de tener una ocupación segura, digna, con remuneración adecuada; de vivir en una casa digna de seres humanos; de disfrutar de una adecuada instrucción escolar para los niños y los jóvenes, como también de la asistencia médico-sanitaria, en una palabra, todos aquellos derechos que han sido solemnemente aprobados desde 1951 por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, y confirmados por el Protocolo de 1967 sobre el mismo Estatuto (Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma 1990, n. 3).

 

A la escucha de la Palabra de Dios

Huida a Egipto (Evangelio de san Mateo 5, 13-15)

13Cuando se marcharon los sabios, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

- Levántate, toma al niño y a su madre, huye con ellos a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.

14José se levantó, tomó al niño y a la madre en plena noche y partió con ellos camino de Egipto,

15donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Oración

Si me olvido de ti, Jerusalén

1Junto a los ríos de Babilonia

nos sentábamos entre lágrimas

al recordar a Sión.

2En los álamos que allí había,

colgábamos nuestras cítaras.

3Quienes nos deportaron

nos pedían canciones,

alegría quienes nos estaban oprimiendo:

«¡Cantadnos un canto de Sión!».

4¿Cómo cantaremos un canto al Señor

si estamos en tierra extraña?

5Que pierda mi diestra su destreza

si me olvido de ti, Jerusalén;

6que mi lengua se pegue al paladar

si no me acuerdo de ti,

si no hago de Jerusalén

la cima de mi alegría.

7Recuerda Señor a los hijos de Edom,

que el día de Jerusalén decían:

«¡Arrasad, arrasadla hasta los cimientos!».

8Tú, Babilonia, serás devastada.

¡Feliz quien te haga

lo que tú nos hiciste!

9¡Feliz quien tome a tus niños

y los lance contra la roca! (Salmo 136).

PISTAS DE REFLEXIÓN

¿Qué realidad contemplamos a la luz de los textos?

¿Qué valores nos proponen?

¿Qué compromiso asumimos?

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