Jeremías

Invitación a la conversión de Israel y de Judá (3, 6-18)

6Me dijo el Señor en tiempo del rey Josías:

- ¿Has visto lo que ha hecho la apóstata Israel? Ha recorrido todos los santuarios de los montes y se ha prostituido bajo todos los árboles frondosos.

7Yo me dije: "Después de hacerme todo lo que me ha hecho, volverá a mí". Pero no volvió. Y Judá, su hermana infiel,

8aunque vio que, debido a todos sus adulterios, yo había despedido a la apóstata Israel y le había dado el acta de divorcio, no tuvo miedo; así que su infiel hermana Judá siguió adelante y se prostituyó ella también.

9Y con la frivolidad de su prostitución, profanó el país y cometió adulterio con la piedra y con el leño.

10Y a pesar de todo ello, su infiel hermana Judá no volvió a mí con corazón sincero, sino fingidamente -oráculo del Señor-.

11Me dijo el Señor:

- Es más inocente la apóstata Israel que la infiel Judá.

 

12- Vete y proclama estas palabras en dirección al norte. Dirás:

 

Vuelve, Israel, apóstata -oráculo del Señor-, que no os frunciré el ceño, porque yo soy bondadoso -oráculo del Señor- y no guardo rencor por siempre.

13Reconoce, sin embargo, tu culpa, tu rebeldía contra el Señor, tu Dios: prodigaste tus amores a extranjeros debajo de todo árbol frondoso, sin escuchar siquiera mi voz -oráculo del Señor-.

 

14Volved, hijos apóstatas -oráculo del Señor-, que yo soy vuestro dueño. Voy a elegir uno de cada ciudad y dos de cada clan, y voy a traeros a Sión.

15Os daré los pastores que yo crea conveniente, y os apacentarán con profesionalidad y acierto.

16Cuando por aquel entonces os multipliquéis y fructifiquéis en el país -oráculo del Señor-, no volverán a nombrar el Arca de la alianza del Señor; no se recordará ni se hablará de ella. No la echarán de menos ni se construirá otra.

17Por aquel tiempo llamarán a Jerusalén "Trono del Señor", y se congregarán en ella todas las naciones (en el nombre del Señor y en el de Jerusalén); y ya no seguirán a su obstinado y perverso corazón.

18En aquellos días, Judá caminará con Israel, y vendrán juntos de un país del norte a la tierra que di en heredad a vuestros antepasados.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el sacramento del matrimonio

Los bautizados, por  institución de Cristo, viven la realidad humana y original del matrimonio, en la  forma sobrenatural del sacramento, signo e instrumento de Gracia.  La historia de la salvación está atravesada por el tema de la alianza esponsal,  expresión significativa de la comunión de amor entre Dios y los hombres y clave  simbólica para comprender las etapas de la alianza entre Dios y su pueblo. El centro de la revelación del proyecto de amor divino es el don que Dios hace a  la humanidad de su Hijo Jesucristo, « el Esposo que ama y se da como Salvador de  la humanidad, uniéndola a sí como su cuerpo. El revela la verdad original del  matrimonio, la verdad del "principio" (cf. Gn 2,24; Mt 19,5) y,  liberando al hombre de la dureza del corazón, lo hace capaz de realizarla  plenamente ». Del amor esponsal de Cristo por la Iglesia, cuya  plenitud se manifiesta en la entrega consumada en la Cruz, brota la  sacramentalidad del matrimonio, cuya Gracia conforma el amor de los esposos con  el Amor de Cristo por la Iglesia.  El matrimonio, en cuanto sacramento, es  una alianza de un hombre y una mujer en el amor (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 219).

Discurso sobre el Templo (7, 1-34)

1Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor:

- 2Ponte en la puerta del Templo del Señor y proclama allí esta palabra. Dirás: Escuchad la palabra del Señor, judaítas todos que entráis por estas puertas para postraros ante el Señor.

3Así dice el Señor del universo, Dios de Israel: Mejorad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré entre vosotros en este lugar.

4No confiéis en las mentiras de quienes dicen: "Este es el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor".

5Si mejoráis vuestra conducta y vuestras acciones; si actuáis con justicia entre unos y otros;

6si no oprimís al huérfano y a la viuda; si no derramáis sangre inocente en este lugar; si no vais tras dioses extraños para vuestra desgracia, 7entonces habitaré entre vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros antepasados antaño y para siempre.

8Vosotros confiáis en mentiras que no sirven de nada.

9Robáis, matáis, cometéis adulterio, juráis en falso, ofrecéis incienso a Baal, vais tras dioses extraños que no conocíais,

10¿y venís después a poneros ante mí, en este Templo que lleva mi nombre, diciendo "Estamos a salvo", para seguir cometiendo todas esas abominaciones?

11¿Pensáis que es una cueva de bandidos este Templo que lleva mi nombre? ¡Pero si yo mismo lo he visto! -oráculo del Señor-.

12Id a mi santuario de Siló, en el que habité al principio; ved lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel.

13En consecuencia, por haber perpetrado todas estas acciones -oráculo del Señor-, porque os hablé sin descanso y no me escuchasteis, porque os llamé y no respondisteis,

14pienso hacer con este Templo que lleva mi nombre, en el que confiáis, y con el lugar que di a vuestros antepasados y a vosotros, lo mismo que hice con Siló.

15Os arrojaré de mi presencia como arrojé a vuestros hermanos, a toda la estirpe de Efraín.

16En cuanto a ti, no intercedas por este pueblo, ni eleves por ellos gritos ni súplicas; no insistas ante mí, pues no pienso escucharte.

17¿No ves lo que están haciendo en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

18Los hijos recogen palos, los padres hacen fuego y las mujeres amasan para hacer tortas votivas a la Reina del Cielo, y derraman libaciones en honor de dioses extraños, con el fin de irritarme.

19¿Y piensan que me irritan a mí -oráculo del Señor-? ¿No se hacen daño a sí mismos, para su propia vergüenza?

20Por eso, así dice el Señor Dios: Voy a derramar mi ira y mi cólera sobre este lugar, sobre personas y animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; arderán y no se apagarán.

21Así dice el Señor del universo, Dios de Israel:

- ¡Ofreced, si queréis, holocaustos y sacrificios, y comed la carne!

22Pero cuando saqué a vuestros antepasados del país de Egipto, no les hablé ni les di instrucciones sobre holocaustos o sacrificios;

23sólo les impuse este precepto: Hacedme caso, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; seguid por el camino que yo os ordene, para que todo os vaya bien.

24Pero no escucharon ni prestaron atención; más bien siguieron su propio parecer, la maldad de su mente retorcida; me dieron la espalda en lugar de volver su rostro hacia mí.

25Desde el día en que salieron vuestros antepasados del país de Egipto hasta el día de hoy, os he estado enviando sin descanso a mis siervos los profetas.

26Pero no me escucharon ni prestaron atención; se hicieron más tercos y se portaron peor que sus antepasados.

27Les repetirás esto palabra por palabra, pero no te escucharán; los llamarás, pero no te contestarán.

28Dirás en su presencia: "Esta es la nación que no obedeció al Señor su Dios, que no aprendió la lección; la sinceridad ha desaparecido, ha sido extirpada de su boca".

29Corta tu melena de consagrado, tírala por ahí, y entona en las dunas esta endecha, pues el Señor ha rechazado y abandonado a la generación que se ha hecho objeto de su cólera.

30En efecto, la gente de Judá hizo lo que me parece mal -oráculo del Señor-: instalaron ídolos en el Templo que lleva mi nombre, y lo contaminaron;

31construyeron recintos sagrados en el Tófet, que está en el valle de Ben Hinón, para quemar allí a sus hijos e hijas, algo que no les mandé hacer y que ni siquiera me pasó por la imaginación.

32Así que llegan días -oráculo del Señor- en que ya no se llamará Tófet ni valle de Ben Hinón, sino valle de la Matanza, y enterrarán en el Tófet por falta de sitio.

33Los cadáveres de este pueblo servirán de alimento a las aves y a las bestias carroñeras, y nadie las ahuyentará.

34Haré que enmudezcan en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén las voces alegres de fiesta, las canciones del novio y de la novia, pues el país quedará en ruinas.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

En el Antiguo Testamento se  encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza. Por un  lado, de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados  necesarios para la vida: en ocasiones, la abundancia  -pero no la riqueza o el lujo- es vista como una bendición de Dios. En la  literatura sapiencial, la pobreza se describe como una consecuencia negativa del  ocio y de la falta de laboriosidad (cf. Pr 10,4), pero también como un  hecho natural (cf. Pr 22,2). Por otro lado, los bienes económicos y la  riqueza no son condenados en sí mismos, sino por su mal uso. La tradición  profética estigmatiza las estafas, la usura, la explotación, las injusticias  evidentes, especialmente con respecto a los más pobres (cf. Is 58,3-11; Jr 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Mi 2,1-2). Esta  tradición, si bien considera un mal la pobreza de los oprimidos, de los débiles,  de los indigentes, ve también en ella un símbolo de la situación del hombre  delante de Dios; de Él proviene todo bien como un don que hay que administrar y  compartir (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 323).

Los malos pastores y el rey futuro (23, 1-8)

1¡Ay de los pastores que descarrían y dispersan el rebaño de mi pastizal! -oráculo del Señor-.

2Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mi rebaño, lo expulsasteis y no os habéis preocupado de él. Pues bien, yo os voy a pedir cuentas de vuestras malas acciones -oráculo del Señor-

3y yo mismo reuniré al resto de mis ovejas de todos los países por donde las dispersé y las haré volver a su pastizal, donde fructificarán y se multiplicarán.

4Les pondré pastores que las apacienten; ya no tendrán miedo, no se espantarán ni faltará ninguna -oráculo del Señor-.

 

5Ya llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo. Será un rey que reinará con prudencia, impondrá justicia y derecho en el país.

6En sus días estará a salvo Judá, Israel vivirá con tranquilidad, y la gente le pondrá de nombre: "El Señor es nuestra justicia".

 

7Ya llegan días -oráculo del Señor- en que no se dirá: "Por vida del Señor, que hizo subir a los israelitas del país de Egipto".

8Más bien se dirá: "Por vida del Señor, que hizo subir a la estirpe de Israel del país del norte y de todos los países por donde los dispersó, para que habiten en su tierra".

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el señorío de Dios

El prototipo de rey elegido  por Yahvéh es David, cuya condición humilde es subrayada con satisfacción por la  narración bíblica (cf. 1 S 16,1- 13). David es  el depositario de la promesa (cf. 2 S 7,13-16; Sal 89,2-38;  132,11-18), que lo hace iniciador de una especial tradición real, la tradición «  mesiánica ». Ésta, a pesar de todos los pecados y las infidelidades del mismo  David y de sus sucesores, culmina en Jesucristo, el « ungido de Yahvéh » (es  decir, « consagrado del Señor »: cf. 1 S 2,35; 24,7.11; 26,9.16; ver  también Ex 30,22-32) por excelencia, hijo de David (cf. la genealogía en: Mt 1,1-17 y Lc 3,23-38; ver también Rm 1,3).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la  desaparición del ideal de un rey que, fiel a Yahvéh, gobierne con sabiduría y  realice la justicia.  Esta esperanza reaparece con  frecuencia en los Salmos (cf. Sal 2; 18; 20; 21; 72). En los oráculos  mesiánicos se espera para el tiempo escatológico la figura de un rey en quien  inhabita el Espíritu del Señor, lleno de sabiduría y capaz de hacer justicia a  los pobres (cf. Is 11,2-5; Jr 23,5-6). Verdadero pastor del pueblo  de Israel (cf. Ez 34,23-24; 37,24), él traerá la paz a los pueblos (cf. Za 9,9-10). En la literatura sapiencial, el rey es presentado como aquel  que pronuncia juicios justos y aborrece la iniquidad (cf. Pr 16,12),  juzga a los pobres con justicia (cf. Pr 29,14) y es amigo del hombre de  corazón puro (cf. Pr 22,11). Poco a poco se va haciendo más explícito el  anuncio de cuanto los Evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento ven  realizado en Jesús de Nazaret, encarnación definitiva de la figura del rey  descrita en el Antiguo Testamento (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 378).

 

Oráculo del Señor (31, 1-40)

1En aquel tiempo -oráculo del Señor- seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo.

 

2Así dice el Señor:

Encontró favor en el desierto el pueblo escapado de la espada; Israel se dirige a su descanso,

3de lejos se le mostró el Señor. Te quise con amor eterno, por eso he prolongado mi favor;

4te reconstruiré y quedarás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a adornarte con panderos, a danzar en plan de fiesta.

5Volverás a plantar viñas en los cerros de Samaría; quienes las planten, vendimiarán.

6Un día gritarán los vigías allá por la montaña de Efraín:

"Venga, subamos a Sión, allí está el Señor nuestro Dios".

7Así dice el Señor:

Gritad de alegría por Jacob, de gozo por la primera de las naciones; que se deje oír vuestra alabanza:

"El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel".

8Voy a traeros de un país del norte, a reuniros de los rincones de la tierra:

vendrán hasta ciegos y cojos, junto con preñadas y paridas; volverá una enorme muchedumbre.

9Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos; los llevaré a la vera de arroyos, por senda recta, sin tropiezos. Soy como un padre para Israel, Efraín es mi hijo primogénito.

10Escuchad, naciones, la palabra del Señor, contadlo luego en las costas lejanas;

decid: "El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño".

11Pues el Señor ha redimido a Israel, lo rescató de una mano más fuerte.

12Subirán alborozados a Sión, acudirán a recibir los dones del Señor:

el grano, el mosto y el aceite, las crías del rebaño y la vacada; quedarán saciados como un huerto regado, ya no volverán a desfallecer.

13Las muchachas gozarán bailando, junto con jóvenes y adultos; cambiaré su duelo en alegría, los consolaré, alegraré sus penas.

14Saciaré a los sacerdotes con la parte mejor de las ofrendas, mi pueblo se hartará de mis dones -oráculo del Señor-.

15Así dice el Señor:

Se oyen gritos en Ramá, quejidos y un llanto amargo:

Raquel llora por sus hijos y se niega a ser consolada, pues se ha quedado sin ellos.

16Así dice el Señor:

Contén tus gemidos y tu llanto, reprime las lágrimas de tus ojos:

tus penas serán recompensadas, volverán del país enemigo -oráculo del Señor-.

17Tu futuro rebosa esperanza, tus hijos volverán a su patria -oráculo del Señor-.

18He oído claramente el lamento de Efraín:

"Me has tratado con dureza como a un novillo sin domar, y ya estoy escarmentado. Haz que vuelva y volveré, pues tú eres mi Dios, Señor.

19Tras volver, me he arrepentido; ahora que lo he comprendido me doy golpes en el muslo.

Estoy abochornado y avergonzado, al tener que soportar la vergüenza de lo que hice en mis años mozos".

20¿No es Efraín mi hijo querido? ¿No es mi niño encantador? Cada vez que lo reprendo, vuelvo a acordarme de ello, mis entrañas se conmueven, me apiado sin falta de él -oráculo del Señor-.

21Instala mojones, coloca postes, atención a la senda, al camino que recorres. Vuelve, doncella de Israel, vuelve a estas tus ciudades;

22¿hasta cuándo andarás errante, muchacha rebelde?

El Señor ha creado algo nuevo en el país: ¡La mujer cortejará al varón!

 

23Así dice el Señor del universo, Dios de Israel: Cuando yo cambie su suerte, volverán a decir esta letrilla en el territorio de Judá y en sus ciudades: "Que el Señor te bendiga, morada de justicia, montaña santa".

24En Judá y en sus ciudades vivirán juntos labradores y ganaderos trashumantes,

25pues regaré la garganta reseca y saciaré la garganta hambrienta.

26En esto me desperté y miré: ¡me resultó un dulce sueño!

27Ya llegan días -oráculo del Señor- en que sembraré a Israel y a Judá con simiente humana y simiente de animales.

28Y del mismo modo que los vigilé para arrancar y destruir, para arrasar, aniquilar y maltratar, también los vigilaré para reconstruir y plantar -oráculo del Señor-.

29En aquellos días ya no dirán: "los padres comieron los agraces y los hijos padecen dentera",

30sino: "cada cual morirá por su propia culpa: todas las personas que coman agraces, padecerán dentera".

31Ya llegan días -oráculo del Señor- en que pactaré una nueva alianza con Israel y con Judá,

32no como la alianza que pacté con sus antepasados el día que los tomé de la mano para sacarlos del país de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo los había desposado -oráculo del Señor-.

33Esta es la alianza que voy a pactar con Israel después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

34Nadie enseñará a nadie diciendo: "Conoced al Señor", porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-; perdonaré sus culpas y ya no me acordaré de sus pecados.

 

35Así dice el Señor, que ha puesto el sol para alumbrar de día, la luna y las estrellas para alumbrar la noche;

el que agita el mar y hace que bramen sus olas: su nombre es Señor del universo.

36Sólo cuando fallen estas leyes -oráculo del Señor-, dejará Israel de ser nación para mí.

37Así dice el Señor:

Si pudieran medirse los cielos allá arriba y escrutarse abajo los cimientos de la tierra, también yo rechazaría a la estirpe de Israel en pago de todo lo que ha hecho -oráculo del Señor-.

 

38Ya llegan días -oráculo del Señor- en que la ciudad del Señor será reconstruida, desde la Torre de Jananel hasta la Puerta del Ángulo.

39Una vez más la cuerda de medir irá derecha hasta la loma de Gareb y luego girará hacia Goá.

40Todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y los campos que llegan hasta el torrente Cedrón y hasta la esquina de la Puerta de los Caballos, a oriente, estarán consagrados al Señor. Ya no volverán a ser destruidos ni arrasados.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

Quien reconoce su pobreza ante  Dios, en cualquier situación que viva, es objeto de una atención particular por  parte de Dios: cuando el pobre busca, el Señor  responde; cuando grita, Él lo escucha. A los pobres se dirigen las promesas  divinas: ellos serán los herederos de la alianza entre Dios y su pueblo. La  intervención salvífica de Dios se actuará mediante un nuevo David (cf. Ez 34,22-31), el cual, como y más que el rey David, será defensor de los pobres y  promotor de la justicia; Él establecerá una nueva alianza y escribirá una nueva  ley en el corazón de los creyentes (cf. Jr 31,31-34).

La pobreza, cuando es aceptada o buscada con espíritu religioso,  predispone al reconocimiento y a la aceptación del orden creatural;  en esta perspectiva, el « rico » es aquel que pone su confianza en las cosas que  posee más que en Dios, el hombre que se hace fuerte mediante las obras de sus  manos y que confía sólo en esta fuerza. La pobreza se eleva a valor moral cuando  se manifiesta como humilde disposición y apertura a Dios, confianza en Él. Estas  actitudes hacen al hombre capaz de reconocer lo relativo de los bienes  económicos y de tratarlos como dones divinos que hay que administrar y  compartir, porque la propiedad originaria de todos los bienes pertenece a Dios (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 324).

 

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