Sabiduría

El amor a la justicia (1, 1-15)

1Gobernantes de la tierra, amad la justicia, pensad con rectitud acerca del Señor y buscadlo con sencillez de corazón.

2Pues se deja encontrar por quienes no le exigen pruebas, se revela a quienes no desconfían de él.

3Los pensamientos torcidos apartan de Dios, y el poder divino, cuando es desafiado, confunde a los insensatos.

4La sabiduría no entra en un alma perversa ni habita en un cuerpo sometido al pecado.

5Pues el santo espíritu educador se aleja de lo falso, se separa del pensamiento insensato y se retira cuando la injusticia se hace presente.

6La sabiduría, espíritu amigo del ser humano, no dejará sin castigo los labios blasfemos; porque Dios, que es testigo de los sentimientos, examina conforme a la verdad el corazón y escucha cuanto dice la lengua.

7El espíritu del Señor llena la tierra, da consistencia a todas las cosas y conoce cuanto se dice.

8No podrá ocultarse quien hable perversamente, ni podrá escapar a la justicia acusadora.

9Los pensamientos del impío serán investigados: hasta el Señor llegará el eco de sus palabras y la prueba de sus malas acciones.

10Hay un oído celoso que todo lo escucha, ni el más leve cuchicheo se le escapa.

11Por tanto, evitad murmuraciones inútiles y guardad vuestra lengua de toda maledicencia, pues ni aun la palabra más secreta se dice en vano y la boca que calumnia hace morir al alma.

12No busquéis la muerte con una vida descarriada, ni os acarreéis la ruina con vuestras acciones;

13porque no fue Dios quien hizo la muerte, ni se alegra destruyendo a los vivientes.

14Él creó todas las cosas para que subsistan, todos los seres del universo son saludables. No hay en ellos veneno mortal, ni el reino de la muerte domina la tierra.

15Porque la justicia es inmortal.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: hacia una civilización del amor

La Iglesia enseña al hombre  que Dios le ofrece la posibilidad real de superar el mal y de alcanzar el bien.  El Señor ha redimido al hombre, lo ha rescatado a caro precio (cf. 1 Co 6,20). El sentido y el fundamento del  compromiso cristiano en el mundo derivan de esta certeza, capaz de encender  la esperanza, a pesar del pecado que marca profundamente la historia humana:  la promesa divina garantiza que el mundo no permanece encerrado en sí mismo,  sino abierto al Reino de Dios. La Iglesia conoce los efectos del « misterio  de la impiedad » (2 Ts 2,7), pero sabe también que « hay en la persona  humana suficientes cualidades y energías, y hay una "bondad" fundamental (cf. Gn 1,31), porque es imagen de su Creador, puesta bajo el influjo redentor de  Cristo, "cercano a todo hombre", y porque la acción eficaz del Espíritu Santo  "llena la tierra" (Sb 1,7) » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 578).

Oración para obtener sabiduría (9, 1-18)

1"Dios de nuestros antepasados y Señor rico en misericordia: con tu palabra creaste todas las cosas

2y con tu sabiduría formaste al ser humano para que dominara sobre todas tus criaturas,

3gobernara el mundo con santidad y justicia y todo lo juzgara con un espíritu recto;

4dame la sabiduría que comparte tu trono y cuéntame en el número de tus hijos.

5Porque yo soy tu siervo, hijo de tu sierva, un ser débil, de vida efímera e incapaz de comprender el derecho y la ley.

6Puede uno ser perfecto entre los humanos, pero en nada será tenido si le falta tu sabiduría.

7Tú me escogiste para ser rey de tu pueblo, para que gobernara a tus hijos y tus hijas.

8Me mandaste edificar un Templo en tu monte santo y construir un altar en la ciudad donde tu habitas, a semejanza de aquella Tienda santa

que mandaste prepararte desde el principio.

9A tu lado está la sabiduría, que conoce tus obras y que estaba presente cuando creaste el universo; ella es conocedora de lo que te es agradable

y de lo que está conforme con tus mandatos.

10Envíala desde los santos cielos, mándala desde tu trono glorioso para que trabaje estando a mi lado y pueda yo conocer lo que te agrada.

11Porque ella, que todo lo sabe y lo comprende, dirigirá con acierto mis acciones y me protegerá con su gloria.

12Mis obras serán entonces de tu agrado, gobernaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.

13Pues, ¿quién conoce los proyectos de Dios, o puede imaginar lo que desea el Señor?

14Los pensamientos humanos son titubeantes, son inseguras nuestras reflexiones;

15porque el cuerpo corruptible es lastre para el alma y esta tienda de barro oprime a la mente que piensa.

16Si nos cuesta tanto conocer las cosas terrenas y si sólo a duras penas conseguimos alcanzar aquello que está a nuestro alcance, ¿cómo podremos rastrear las realidades celestiales?

17¿Quién conocerá tus planes si tú no le das sabiduría y le envías desde lo alto tu santo espíritu?

18Así los humanos aprendieron lo que te agrada, los que habitan la tierra encontraron el camino recto y, en virtud de la sabiduría, se salvaron".

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

A la luz de la Revelación, la  actividad económica ha de considerarse y ejercerse como una respuesta agradecida  a la vocación que Dios reserva a cada hombre. Éste ha  sido colocado en el jardín para cultivarlo y custodiarlo, usándolo según unos  limites bien precisos (cf. Gn 2,16-17), con el compromiso de  perfeccionarlo (cf. Gn 1,26-30; 2,15-16; Sb 9,2-3). Al hacerse  testigo de la grandeza y de la bondad del Creador, el hombre camina hacia la  plenitud de la libertad a la que Dios lo llama. Una buena administración de los  dones recibidos, incluidos los dones materiales, es una obra de justicia hacia  sí mismo y hacia los demás hombres: lo que se recibe ha de ser bien usado,  conservado, multiplicado, como enseña la parábola de los talentos (cf. Mt 25,14-31; Lc 19,12-27).

La actividad económica y el progreso material deben ponerse al  servicio del hombre y de la sociedad: dedicándose a  ellos con la fe, la esperanza y la caridad de los discípulos de Cristo, la  economía y el progreso pueden transformarse en lugares de salvación y de  santificación. También en estos ámbitos es posible expresar un amor y una  solidaridad más que humanos y contribuir al crecimiento de una humanidad nueva,  que prefigure el mundo de los últimos tiempos. Jesús sintetiza  toda la Revelación pidiendo al creyente enriquecerse delante de Dios (cf. Lc 12,21): y la economía es útil a este fin, cuando no traiciona su  función de instrumento para el crecimiento integral del hombre y de las  sociedades, de la calidad humana de la vida (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 326).

 

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