Esteban

 

Hch 6,1-7: Escogieron a siete hombres llenos de espíritu.
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
- «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Martirio de san Esteban
Hch 6,8-7,2a.44-59
Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen:
«Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.»
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
«Este individuo no para de hablar contra el templo y la ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.»
Todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.
El sumo sacerdote le preguntó:
«¿Es verdad esto?»
Contestó Esteban:
«Padres y hermanos, escuchad. Nuestros padres tenían en el desierto el tabernáculo de la alianza: Dios había ordenado a Moisés que lo construyera, copiando el modelo que había visto. Nuestros padres se fueron transmitiendo el tabernáculo hasta introducirlo, guiados por Josué, en el territorio de los gentiles, a los que Dios expulsó delante de ellos. Así estuvieron las cosas hasta el tiempo de David, que alcanzó el favor de Dios, y le pidió que le permitiera construir una morada al Dios de Jacob. Pero fue Salomón el que la construyó. Aunque el Altísimo no habita en edificios construidos por hombres, como dice el profeta: "Mi trono es el cielo, la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué templo podéis construirme -dice el Señor-, o qué lugar para que descanse? ¿No ha hecho mi mano todo esto?"
¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.»
Oyendo sus palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.

 

Clave de lectura:  "El pequeño linchamiento diario de las habladurías"

Martes, 28 de abril de 2020

Homilía del Papa Francisco

 

En la primera lectura de estos días hemos oído el martirio de Esteban: una cosa simple, cómo sucedió. Los doctores de la Ley no toleraban la claridad de la doctrina, y, apenas proclamada, fueron a pedirle a alguien que dijera que había oído que Esteban blasfemaba contra Dios, contra la Ley (cf. Hch 6,11-14). Y después de eso, se abalanzaron sobre él y lo apedrearon, así de sencillo (cf. Hch 7,57-58). Es una estructura de acción que no es la primera: también con Jesús hicieron lo mismo (cf. Mt 26, 60-62). Convencieron al pueblo que estaba allí de que Jesús era un blasfemo y gritaba: «Crucifícale» (Mc 15,13). Es una bestialidad. Una bestialidad, partir de falsos testimonios para llegar a “hacer justicia”. Este es el esquema. También en la Biblia hay casos como este: a Susana le hicieron lo mismo (cf. Dn 13,1-64), a Nabot le hicieron lo mismo (cf. 1Re 21,1-16), luego Amán trató de hacer lo mismo con el pueblo de Dios (cf. Est 3, 1-14). Noticias falsas, calumnias que instigan al pueblo y piden justicia. Es un linchamiento, un verdadero linchamiento.

Y así, lo llevan al juez, para que el juez le dé forma legal a esto: pero ya había sido juzgado, el juez debe ser muy, pero que  muy valiente para ir en contra de un juicio “tan popular”, hecho a propósito, preparado. Es el caso de Pilatos: Pilatos vio claramente que Jesús era inocente, pero vio a la gente, se lavó las manos (cf. Mt 27,24-26). Es una forma de hacer jurisprudencia. También lo vemos hoy en día: también hoy ocurre, en algunos países, cuando se quiere dar un golpe de Estado o “eliminar” a algún político para que no se presente a las elecciones, se hace esto: noticias falsas, calumnias, después se le encarga a un juez de esos a los que les gusta crear jurisprudencia con este positivismo situacional que está de moda, y luego la condena. Es un linchamiento social. Y así se le hizo a Esteban, así se hizo el juicio de Esteban: llevan a juicio a uno ya juzgado por el pueblo engañado.

Esto también sucede con los mártires de hoy: que los jueces no tienen la posibilidad de hacer justicia porque ya han sido juzgados. Pensemos en Asia Bibi, por ejemplo, que hemos visto: diez años de prisión porque fue juzgada por una calumnia y un pueblo que quería su muerte. Frente a esta avalancha de falsas noticias que crean opinión, muchas veces no se puede hacer nada: no se puede hacer nada.

Pienso mucho, en esto, en la Shoah. La Shoah es un caso de este tipo: se creó una opinión en contra de un pueblo y luego fue normal decir: “Sí, sí: hay que matarlos, hay que matarlos”. Una forma de proceder para “eliminar” la gente que molesta, que disturba.

Todos sabemos que esto no es bueno, pero lo que no sabemos es que hay un pequeño linchamiento diario que intenta condenar a las personas, crear una mala reputación a las personas, descartarlas, condenarlas: el pequeño linchamiento diario de las habladurías que crea una opinión; y muchas veces uno oye hablar mal de alguien y dice: “¡Pero no, esta persona es una persona correcta!” — “No, no: se dice que...”, y con ese “se dice que” se crea una opinión para acabar con una persona. La verdad es otra: la verdad es el testimonio de lo verdadero, de las cosas que una persona cree; la verdad es clara, es transparente. La verdad no tolera las presiones. Veamos a Esteban, mártir: el primer mártir después de Jesús. Primer mártir. Pensemos en los apóstoles: todos dieron testimonio. Y pensemos en muchos mártires, también en el de hoy, San Pedro Chanel: fueron las habladurías las que decían que estaba en contra del rey... se crea una fama, y es asesinado. Y pensemos en nosotros, en nuestra lengua: tantas veces nosotros, con nuestros comentarios, empezamos un linchamiento de este tipo. Y en nuestras instituciones cristianas, hemos visto tantos linchamientos diarios que nacieron de las habladurías.

Que el Señor nos ayude a ser justos en nuestros juicios, a no empezar o continuar esta condena masiva que provocan las habladurías.

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