Isaías

Peregrinación de los pueblos a Sión (2, 1-5)

1Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, sobre Judá y Jerusalén.

2Cuando pase mucho tiempo, quedará afianzado el monte de la casa del Señor: el primero entre los montes, descollando entre las colinas. A él confluirán todas las naciones,

3acudirán cantidad de pueblos, que dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; él nos indicará sus caminos, nosotros iremos por sus sendas". Y es que saldrá de Sión la ley; de Jerusalén la palabra del Señor.

4Juzgará entre nación y nación, arbitrará a pueblos numerosos. Convertirán sus espadas en arados, harán hoces con sus lanzas. No se amenazarán las naciones con la espada, ni se adiestrarán más para la guerra.

5¡Venid, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Señor!

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la unidad de la familia humana

La alianza establecida por  Dios con Abraham, elegido como « padre de una muchedumbre de pueblos » (Gn 17,4), abre el camino para la reunificación de la familia humana  con su Creador. La historia de salvación induce al pueblo de Israel a pensar  que la acción divina esté limitada a su tierra. Sin embargo, poco a poco, se va  consolidando la convicción que Dios actúa también entre las otras Naciones (cf. Is 19,18-25). Los Profetas anunciarán para el tiempo escatológico la  peregrinación de los pueblos al templo del Señor y una era de paz entre las  Naciones (cf. Is 2,2-5; 66,18-23). Israel, disperso en el exilio, tomará  definitivamente conciencia de su papel de testigo del único Dios (cf. Is 44,6-8), Señor del mundo y de la historia de los pueblos (cf. Is 44,24-28) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 430).

El pueblo que caminaba a oscuras (9, 1-6)

1El pueblo que a oscuras caminaba vio surgir una luz deslumbradora; habitaban un país tenebroso y una luz brillante los cubrió.

2Multiplicas el gozo, aumentas la alegría; se alegran ante ti igual que al cosechar, lo mismo que gozan al repartir el botín.

3Pues como hiciste el día de Madián has roto el yugo que lo oprimía, la coyunda sobre su hombro, la vara de su opresor.

4Y todas las botas que retumban al pisar y todas las capas bañadas en sangre, acabarán quemadas, pasto del fuego.

5Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado: trae el señorío encima de sus hombros, y tiene como nombre: Consejero Admirable, Héroe Divino, Padre Eterno, Príncipe Pacífico.

6Para aumentar el señorío con una paz sin fronteras sobre el trono de David; lo asentará en todo su territorio con seguridad y firmeza, con justicia y con derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor del universo piensa ejecutar todo esto.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la promoción de la paz

La paz es la meta de la  convivencia social, como aparece de forma extraordinaria en la visión mesiánica  de la paz: cuando todos los pueblos acudirán a la casa del Señor y Él les  mostrará sus caminos, ellos podrán caminar por las sendas de la paz (cf. Is 2,2-5). Un mundo nuevo de paz, que alcanza toda la naturaleza, ha  sido prometido para la era mesiánica (cf. Is 11,6-9) y al mismo Mesías se  le llama « Príncipe de Paz » (Is 9,5). Allí donde reina su paz, allí  donde es anticipada, aunque sea parcialmente, nadie podrá turbar al pueblo de  Dios (cf. Sof 3,13). La paz será entonces duradera, porque cuando el rey  gobierna según la justicia de Dios, la rectitud brota y la paz abunda « hasta  que no haya luna » (Sal 72,7). Dios anhela dar la paz a su pueblo: « Sí,  Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza  no retornen » (Sal 85,9). El salmista, escuchando lo que Dios dice a su  pueblo sobre la paz, oye estas palabras: « Amor y Verdad se han dado cita,  Justicia y Paz se abrazan » (Sal 85,11) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 490).

Ay de quienes dictan leyes injustas (10, 1-4)

1¡Ay de quienes dictan leyes injustas, de quienes firman decretos opresores,

2para impedir que se haga justicia a los débiles, para privar del derecho a los pobres de mi pueblo, para hacer de las viudas su presa y dedicarse al saqueo de huérfanos!

3¿Qué haréis cuando os pasen cuentas, cuando se acerque de lejos la tormenta?

¿A quién acudiréis en busca de auxilio? ¿Dónde dejaréis vuestra riqueza?

4Iréis abatidos como prisioneros, caeréis como los heridos de muerte. Con todo, su cólera persiste, su mano sigue amenazante.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la comunidad política

El pueblo de Israel, en la  fase inicial de su historia, no tiene rey, como los otros pueblos, porque  reconoce solamente el señorío de Yahvéh. Dios interviene en la historia a través  de hombres carismáticos,  como atestigua el Libro de  los Jueces. Al último de estos hombres, Samuel, juez y profeta, el pueblo le  pedirá un rey (cf. 1 S 8,5; 10,18-19). Samuel advierte a los israelitas  las consecuencias de un ejercicio despótico de la realeza (cf. 1 S 8,11-18). El poder real, sin embargo, también se puede experimentar como un don  de Yahvéh que viene en auxilio de su pueblo (cf. 1 S 9,16). Al final,  Saúl recibirá la unción real (cf. 1 S 10,1-2). El acontecimiento subraya  las tensiones que llevaron a Israel a una concepción de la realeza diferente de  la de los pueblos vecinos: el rey, elegido por Yahvéh (cf. Dt 17,15; 1  S 9,16) y por él consagrado (cf. 1 S 16,12-13), será visto como su  hijo (cf. Sal 2,7) y deberá hacer visible su señorío y su diseño de  salvación (cf. Sal 72). Deberá, por tanto, hacerse defensor de los  débiles y asegurar al pueblo la justicia: las denuncias de los profetas se  dirigirán precisamente a los extravíos de los reyes (cf. 1R 21; Is 10, 1-4; Am 2,6-8; 8,4-8; Mi 3,1-4) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 377).

Un reino mesiánico de paz (11, 1-10)

1Un rebrote saldrá del tocón de Jesé, de sus raíces brotará un renuevo.

2El espíritu del Señor en él reposará: espíritu de inteligencia y sabiduría, espíritu de consejo y de valor, espíritu de conocimiento y de respeto al Señor. Se inspirará en el respeto al Señor.

3No juzgará a primera vista ni dará sentencia de oídas;

4juzgará con justicia a los pobres, con rectitud a los humildes de la tierra; herirá al violento con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado;

5la justicia será su ceñidor, la lealtad rodeará su cintura.

6El lobo vivirá con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, novillo y león pacerán juntos, y un muchacho será su pastor.

7La vaca pastará con el oso, sus crías se echarán juntas; el león comerá paja como el buey.

8Jugará el lactante junto a la hura del áspid, el niño hurgará en el agujero de la víbora.

9Nadie hará daños ni estragos en todo mi monte santo, pues rebosa el país conocimiento del Señor como las aguas colman el mar.

10Aquel día la raíz de Jesé será el estandarte de los pueblos, a ella acudirán las naciones y será esplendorosa su morada.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el señorío de Dios

El prototipo de rey elegido  por Yahvéh es David, cuya condición humilde es subrayada con satisfacción por la  narración bíblica (cf. 1 S 16,1- 13). David es  el depositario de la promesa (cf. 2 S 7,13-16; Sal 89,2-38;  132,11-18), que lo hace iniciador de una especial tradición real, la tradición «  mesiánica ». Ésta, a pesar de todos los pecados y las infidelidades del mismo  David y de sus sucesores, culmina en Jesucristo, el « ungido de Yahvéh » (es  decir, « consagrado del Señor »: cf. 1 S 2,35; 24,7.11; 26,9.16; ver  también Ex 30,22-32) por excelencia, hijo de David (cf. la genealogía en: Mt 1,1-17 y Lc 3,23-38; ver también Rm 1,3).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la  desaparición del ideal de un rey que, fiel a Yahvéh, gobierne con sabiduría y  realice la justicia.  Esta esperanza reaparece con  frecuencia en los Salmos (cf. Sal 2; 18; 20; 21; 72). En los oráculos  mesiánicos se espera para el tiempo escatológico la figura de un rey en quien  inhabita el Espíritu del Señor, lleno de sabiduría y capaz de hacer justicia a  los pobres (cf. Is 11,2-5; Jr 23,5-6). Verdadero pastor del pueblo  de Israel (cf. Ez 34,23-24; 37,24), él traerá la paz a los pueblos (cf. Za 9,9-10). En la literatura sapiencial, el rey es presentado como aquel  que pronuncia juicios justos y aborrece la iniquidad (cf. Pr 16,12),  juzga a los pobres con justicia (cf. Pr 29,14) y es amigo del hombre de  corazón puro (cf. Pr 22,11). Poco a poco se va haciendo más explícito el  anuncio de cuanto los Evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento ven  realizado en Jesús de Nazaret, encarnación definitiva de la figura del rey  descrita en el Antiguo Testamento (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 378).

 

Himno triunfal de los salvados (26, 1-19)

1Aquel día entonarán este canto en tierra de Judá: "Nuestra ciudad es una fortaleza, murallas y baluartes la protegen.

2Abrid los portones, que pase el pueblo fiel, el pueblo que guarda lealtad.

3Su propósito es firme, va atesorando bienestar, pues confía en ti.

4Confiad siempre en el Señor, él es nuestra Roca eterna:

5humilló a los habitantes de la altura, doblegó a la ciudad encumbrada, la aplastó, la aplastó por tierra, la hizo morder el polvo.

6La pisotean los pies del humilde, los pobres al caminar". Angustia y esperanza en un tiempo sin futuro

7El camino del justo es derecho, tú allanas la senda del justo.

8Echamos de menos, Señor, tu forma de hacer justicia; anhelamos tu nombre y tu recuerdo.

9Mi ser te ansía de noche, mi espíritu madruga en tu busca, pues de tu forma de juzgar en la tierra aprenden justicia sus habitantes.

10Aunque el malvado sea perdonado, nunca aprenderá justicia: pervierte el derecho en el país, no se fija en la grandeza del Señor.

11Señor, tu mano está alzada, pero no se fijan en ella. Que vean avergonzados tu celo por el pueblo, que un fuego devore a tus adversarios.

12Señor, de seguro nos darás bienestar, pues tú realizas todas nuestras obras.

13Señor, Dios nuestro, nos dominaron otros señores, mas sólo reconocemos tu nombre.

14Los que han muerto ya no viven, no se levantan las sombras, por eso los castigas y destruyes, y acabas así con su recuerdo.

15Pero tú multiplicas el pueblo, lo multiplicas y demuestras tu poder, ensanchas las fronteras del país.

16Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando más nos afligía tu castigo:

17como embarazada a punto de parir, que se retuerce y grita entre dolores, eso parecíamos, Señor, ante ti.

18Parimos, nos retorcimos, pero dimos a luz viento: no supimos socorrer al país, no parimos habitantes al mundo.

19Tus muertos revivirán y se alzarán sus despojos, despertarán clamorosos los que habitan en el polvo. Pues tu rocío es rocío de luz y el país de las sombras parirá.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la promoción de la paz

La promesa de paz, que recorre  todo el Antiguo Testamento, halla su cumplimiento en la Persona de Jesús.  La paz es el bien mesiánico por excelencia, que engloba todos los demás bienes  salvíficos. La palabra hebrea « shalom », en el sentido etimológico de « entereza », expresa el concepto de « paz » en la plenitud de su  significado (cf. Is 9,5s.; Mi 5,1-4). El reino del Mesías es  precisamente el reino de la paz (cf. Jb 25,2; Sal 29,11; 37,11;  72,3.7; 85,9.11; 119,165; 125,5; 128,6; 147,14; Ct 8,10; Is 26,3.12; 32,17s; 52,7; 54,10; 57,19; 60,17; 66,12; Ag 2,9; Zc 9,10 et alibi). Jesús « es nuestra paz » (Ef 2,14), Él ha derribado el  muro de la enemistad entre los hombres, reconciliándoles con Dios (cf. Ef 2,14-16). De este modo, San Pablo, con eficaz sencillez, indica la razón  fundamental que impulsa a los cristianos hacia una vida y una misión de paz.

La  vigilia de su muerte, Jesús habla de su relación de amor con el Padre y de la  fuerza unificadora que este amor irradia sobre sus discípulos; es un discurso de  despedida que muestra el sentido profundo de su vida y que puede considerarse  una síntesis de toda su enseñanza. El don de la paz sella su testamento  espiritual: « Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo »  (Jn 14,27). Las palabras del Resucitado no suenan diferentes; cada vez  que se encuentra con sus discípulos, estos reciben de Él su saludo y el don de  la paz: « La paz con vosotros » (Lc 24,36; Jn 20,19.21.26) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 491).

 

Un reino de equidad (32, 1-20)

1Si un monarca reina con justicia y los príncipes gobiernan rectamente,

2serán como refugio contra el viento, como cobijo ante la lluvia, como acequias que riegan en secano, como sombra de peñasco en erial.

3Los ojos de los que miren no se cerrarán, los oídos de los que escuchen atenderán,

4la mente del lanzado adquirirá sensatez, la lengua del tartamudo hablará lanzada.

5Ya no llamarán noble al necio, ni dirán honorable al granuja,

6pues el necio profiere necedades y su mente planea insensateces. Pensando en cometer infamias y diciendo estupideces del Señor, frustra el apetito del hambriento y le niega el agua al sediento.

7Los farsantes recurren al mal, urdiendo acciones infames para arruinar con mentiras al pobre, al desvalido que reclama su derecho.

8Pero el noble planea acciones nobles, y en nobles acciones se sustenta. El país destruido y recreado

9¡En guardia, mujeres satisfechas, disponeos a oír mi voz! ¡Vosotras, muchachas confiadas, prestad oído a mis palabras!

10Poco más de un año y las confiadas temblaréis, cuando veáis fracasar la vendimia y la cosecha quede frustrada.

11Alarmaos, satisfechas, temblad las confiadas. ¡Desvestíos, desnudaos, ceñíos la cintura!

12Golpeaos el pecho, lamentaos por la campiña, por la fértil viña;

13doleos por la tierra de mi pueblo fecunda en zarzas y cardos, por sus vecinos alegres, por la ciudad divertida.

14Ved: el palacio abandonado, la ciudad bulliciosa vacía, la colina y la atalaya convertidas en montón eterno de ruinas: delicia para los asnos,

pastizal para rebaños.

15Hasta que se derrame sobre nosotros un espíritu llegado de lo alto, cuando la estepa se convierta en huerto y el huerto parezca una selva.

16Habitará en la estepa el derecho, la justicia se asentará en el huerto;

17la justicia producirá la paz, el resultado de la justicia será tranquilidad y confianza eternas.

18Mi pueblo habitará en plácidos pastos: confiados en sus moradas, satisfechos en sus casas,

19aunque sea talada la selva, aunque sea arrasada la ciudad.

20Dichosos los que sembráis en regadío, los que dais suelta al buey y al asno.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la justicia

La plena verdad sobre el  hombre permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión  limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor: « Por sí sola, la  justicia no basta. Más aún, puede llegar a negarse a  sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor ». En efecto, junto al valor de la justicia, la doctrina social coloca el de la  solidaridad, en cuanto vía privilegiada de la paz. Si la paz es fruto de la  justicia, « hoy se podría decir, con la misma exactitud y análoga fuerza de  inspiración bíblica (cf. Is 32,17; St 32,17), Opus  solidaritatis pax, la paz como fruto de la solidaridad ». La  meta de la paz, en efecto, « sólo se alcanzará con la realización de la  justicia social e internacional, y además con la práctica de las virtudes que  favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos,  dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 203).

Investidura de Ciro (45, 1-8)

1Así dice el Señor de su ungido, de Ciro, a quien llevo de la mano: Someteré ante él a las naciones, desceñiré los lomos de los reyes, abriré ante él las puertas, los portones no le resistirán.

2Caminaré delante de ti, te iré allanando el camino, romperé las puertas de bronce, quebraré los cerrojos de hierro.

3Te daré tesoros ocultos, riquezas bien escondidas, y reconocerás que soy el Señor, aquel que te llama por tu nombre, el Dios de Israel.

4Por mi siervo Jacob, por mi elegido Israel, te llamé por tu nombre, te concedí este honor aunque no me conocías.

5Yo soy el Señor, no hay otro; no hay Dios fuera de mí. Te ciño como guerrero, aunque no me conoces,

6para que sepan en oriente y occidente que no hay nadie fuera de mí. Yo soy el Señor, no hay otro:

7el que hace la luz y crea la tiniebla, el que opera la paz y crea la desgracia. Yo, el Señor, hago todo esto.

8Deja, cielo, caer tu rocío, lloved, nubes, la justicia; ábrase la tierra y brote la salvación, que junto con ella germine la justicia. Yo, el Señor, hago todo esto.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la universalidad de la esperanza cristiana

La universalidad de la  esperanza cristiana incluye, además de los hombres y mujeres de todos los  pueblos, también el cielo y la tierra: « Destilad,  cielos, como rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y  produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, Yahvéh, lo he creado »  (Is 45,8). Según el Nuevo Testamento, en efecto, la creación entera,  junto con toda la humanidad, está también a la espera del Redentor: sometida a  la caducidad, entre los gemidos y dolores del parto, aguarda llena de esperanza  ser liberada de la corrupción (cf. Rm 8,18-22) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 123).

Exhortación (48, 17-19)

17Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu Dios, te educo para tu provecho, te guío por el camino que has de seguir.

18Si hubieras escuchado mis mandatos, tu plenitud discurriría como un río, tu prosperidad como las olas del mar;

19tu descendencia sería como la arena, los retoños de tu vientre como sus granos. No permitiré que sea aniquilado ni destruido tu nombre ante mí.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la promoción de la paz

En la Revelación bíblica, la  paz es mucho más que la simple ausencia de guerra: representa la plenitud de la  vida  (cf. Ml 2,5); más que una construcción  humana, es un sumo don divino ofrecido a todos los hombres, que comporta la  obediencia al plan de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios sobre su  pueblo: « Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz » (Nm 6,26).  Esta paz genera fecundidad (cf. Is 48,19), bienestar (cf. Is 48,18), prosperidad (cf. Is 54,13), ausencia de temor (cf. Lv 26,6) y alegría profunda (cf. Pr 12,20) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 489).

El siervo de Yahvé (53, 1-12)

1¿Quién se fió de lo que decíamos? ¿A quién se reveló el poder del Señor?

2Fue creciendo ante el Señor como un brote, como raíz en tierra de secano, sin aspecto atrayente, sin lozanía.

3Despreciado y rechazado por la gente, sometido a dolores, habituado al sufrimiento, ante el cual todos se tapan la cara; lo despreciamos y no hicimos caso de él.

4De hecho cargó con nuestros males, soportó nuestros dolores, y pensábamos que era castigado, herido por Dios y humillado.

5Pero fue herido por nuestras faltas, triturado por nuestros pecados; aguantó el castigo que nos salva, con sus heridas fuimos curados.

6Todos íbamos errantes como ovejas, cada cual por su propio camino, y el Señor cargó sobre él las culpas de todos nosotros.

7Era maltratado, humillado, pero él no abría su boca: era como cordero arrastrado al sacrificio, como oveja que va a ser esquilada.

8Detenido sin defensa ni juicio, ¿quién se ocupó de su suerte? Fue arrancado de la tierra de los vivos, herido por la rebeldía de mi pueblo.

9Dispusieron su tumba entre malvados, lo enterraron entre ricos. Aunque nunca cometió violencia ni su boca profirió mentiras,

10el Señor quiso machacarlo con males. Por entregar su vida como ofrenda expiatoria, verá su descendencia, vivirá muchos años, por su mano triunfará el designio del Señor.

11Después del sufrimiento verá la luz, el justo se saciará de su conocimiento. Mi siervo hará justos a muchos, pues cargó con los pecados de ellos.

12Le daré a todos en posesión, tendrá como botín una multitud, pues expuso su vida a la muerte y fue contado entre los rebeldes, cargó con las culpas de muchos e intercedió por los rebeldes.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la promoción de la paz

La acción por la paz nunca  está separada del anuncio del Evangelio, que es ciertamente « la Buena Nueva de  la paz »  (Hch 10,36; cf. Ef 6,15) dirigida a todos los hombres. En el centro del « Evangelio de paz » (Ef 6,15) se encuentra el misterio de la Cruz, porque la paz es inseparable del  sacrificio de Cristo (cf. Is 53,5: « El soportó el castigo que nos trae  la paz, y con sus cardenales hemos sido curados »): Jesús crucificado ha anulado  la división, instaurando la paz y la reconciliación precisamente « por medio de  la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad » (Ef 2,16) y donando a  los hombres la salvación de la Resurrección (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 493).

Esterilidad y fecundidad de Jerusalén (54, 1-17)

1Alégrate estéril, que no concebías; grita de júbilo, tú que no parías, pues tiene más hijos la abandonada que la casada, dice el Señor.

2Amplía el espacio de tu tienda, despliega sin reparo tus lonas; alarga tus cuerdas, afianza tus clavijas,

3pues vas a extenderte a derecha e izquierda: tus hijos heredarán naciones, repoblarán ciudades desiertas.

4No temas, no serás defraudada, no te apures, no te afrentarán. Olvidarás la vergüenza de tu mocedad, no recordarás la afrenta de tu viudez.

5Pues tu esposo será tu Creador, su nombre es Señor del universo; tu redentor será el Santo de Israel, llamado Dios de toda la tierra.

6Como a esposa abandonada y afligida te volverá a llamar el Señor, pues no podrá ser repudiada la esposa de la juventud, - dice tu Dios -.

7Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te acogeré;

8en un arrebato de cólera te oculté por un momento mi rostro, pero te quiero con amor eterno dice tu redentor, el Señor.

9Me ocurre como en tiempos de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no inundarían otra vez la tierra: juro ahora no encolerizarme

ni volver de nuevo a amenazarte.

10Aunque se muevan las montañas y se vengan abajo las colinas, mi cariño por ti no menguará, mi alianza de paz se mantendrá dice el Señor, que te quiere.

 

11¡Ciudad abatida, zarandeada y desconsolada! Yo mismo recompondré tus piedras sobre azabache, reimplantaré tus cimientos sobre zafiros;

12te pondré almenas de esmeralda, tus puertas serán de rubíes, tu muralla de piedras preciosas.

13Yo instruiré a tus constructores, será grande la paz de tus hijos;

14tu bienestar estará asegurado. Alejada de la angustia, nada temerás; el terror no se te acercará.

15Si alguien te asedia, no contará conmigo; si alguien te ataca, caerá frente a ti.

16Pues yo he creado al herrero que atiza las brasas al rojo para forjar las armas apropiadas; pero he creado también al que las usa para destruir;

17no tendrá, pues, éxito ninguna arma esgrimida contra ti, y podrás vencer en juicio a cualquiera que pleitee contra ti. Esta es la herencia de los siervos del Señor, esta es la victoria que por mí alcanzarán -oráculo del Señor -.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la persona humana, imagen de Dios

El hombre y la mujer tienen la  misma dignidad y son de igual valor, no sólo porque ambos, en su diversidad, son imagen de Dios, sino, más  profundamente aún, porque el dinamismo de reciprocidad que anima el « nosotros »  de la pareja humana es imagen de Dios. En la relación de  comunión recíproca, el hombre y la mujer se realizan profundamente a sí mismos  reencontrándose como personas a través del don sincero de sí mismos. Su pacto de unión es presentado en la Sagrada Escritura como una imagen del  Pacto de Dios con los hombres (cf. Os 1-3; Is 54; Ef 5,21-  33) y, al mismo tiempo, como un servicio a la vida. La pareja  humana puede participar, en efecto, de la creatividad de Dios: « Y los bendijo  Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra" » (Gn 1,28) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 111).

El ayuno que agrada al Señor (58, 1-12)

1Grita incansable, bien fuerte, deja oír tu voz como trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus descarríos.

2Día a día consultan mi oráculo, desean conocer mis intenciones, como gente que practica la justicia, que no abandona el mandato de su Dios. Me piden que haga justicia, desean la cercanía de Dios:

3"¿Para qué ayunamos si no nos miras, nos mortificamos y no te das cuenta?". Porque el día de ayuno buscáis vuestro interés y sois implacables con vuestros sirvientes.

4Ayunáis, sí, pero entre pleitos y disputas, repartiendo puñetazos sin piedad. No ayunéis como hacéis ahora, si queréis que se oiga en el cielo vuestra voz.

5¿Creéis que es este el ayuno que deseo cuando uno decide mortificarse: que mueva su cabeza como un junco, que se acueste sobre saco y ceniza? ¿A esto llamáis ayuno, día agradable al Señor?

6Este es el ayuno que deseo: abrir las prisiones injustas, romper las correas del cepo, dejar libres a los oprimidos, destrozar todos los cepos;

7compartir tu alimento con el hambriento, acoger en tu casa a los vagabundos, vestir al que veas desnudo, y no cerrarte a tus semejantes.

8Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas se cerrarán en seguida, tus buenas acciones te precederán, te seguirá la gloria del Señor.

9Entonces llamarás al Señor y responderá, pedirás socorro y dirá: "Aquí estoy". Si apartas los cepos de en medio de ti, si no delatas acusando en falso;

10si partes tu comida con el hambriento y sacias el hambre del indigente, entonces brillará tu luz en la tiniebla, tu oscuridad será igual que el mediodía.

11El Señor será siempre tu guía, saciará tu hambre en el desierto, hará vigoroso tu cuerpo, serás como un huerto regado, como un manantial de aguas cuyo cauce nunca se seca.

12Volverás a levantar viejas ruinas, cimientos desolados por generaciones; te llamarán reparador de brechas, repoblador de lugares ruinosos.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

En el Antiguo Testamento se  encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza. Por un  lado, de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados  necesarios para la vida: en ocasiones, la abundancia  -pero no la riqueza o el lujo- es vista como una bendición de Dios. En la  literatura sapiencial, la pobreza se describe como una consecuencia negativa del  ocio y de la falta de laboriosidad (cf. Pr 10,4), pero también como un  hecho natural (cf. Pr 22,2). Por otro lado, los bienes económicos y la  riqueza no son condenados en sí mismos, sino por su mal uso. La tradición  profética estigmatiza las estafas, la usura, la explotación, las injusticias  evidentes, especialmente con respecto a los más pobres (cf. Is 58,3-11; Jr 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Mi 2,1-2). Esta  tradición, si bien considera un mal la pobreza de los oprimidos, de los débiles,  de los indigentes, ve también en ella un símbolo de la situación del hombre  delante de Dios; de Él proviene todo bien como un don que hay que administrar y  compartir (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 323).

El ungido, mensajero de liberación y de consuelo (61, 1-9)

1El espíritu del Señor Dios me acompaña, pues el propio Señor me ha ungido, me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones destrozados, a proclamar la libertad a los cautivos, a gritar la liberación a los prisioneros,

2a proclamar un año de gracia del Señor y un día de venganza de parte de nuestro Dios; a dar consuelo a los que están de luto,

3a cubrirlos de honor en lugar de polvo, de perfume de fiesta en lugar de penas, de traje festivo en lugar de abatimiento. Los llamarán "robles fruto de la justicia", plantío para gloria del Señor.

4Reconstruirán las ruinas antiguas, reedificarán los escombros de antaño, renovarán las ciudades devastadas, los escombros abandonados por generaciones.

5Se verán extraños pastoreando vuestro ganado, extranjeros trabajarán vuestros campos y viñas,

6y a vosotros os proclamarán sacerdotes del Señor, os llamarán servidores de nuestro Dios. Os haréis con la riqueza de las naciones, sus posesiones pasarán a vuestras manos.

7A cambio de su vergüenza doblada, hecha de ultrajes y de oprobio, poseerán doble recompensa en su tierra, serán felices para siempre.

8Yo, el Señor, amo la justicia, detesto el pillaje y el crimen; les daré cumplida recompensa, haré con ellos una alianza eterna.

9Sus hijos serán famosos entre las naciones, sus vástagos entre todos los pueblos. Todos los que los vean reconocerán que son la estirpe bendita del Señor.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el designio de amor del Padre

La benevolencia y la  misericordia, que inspiran el actuar de Dios y ofrecen su clave de  interpretación, se vuelven tan cercanas al hombre que asumen los rasgos del  hombre Jesús, el Verbo hecho carne. En la narración  de Lucas, Jesús describe su ministerio mesiánico con las palabras de Isaías que  reclaman el significado profético del jubileo: « El Espíritu del Señor sobre mí,  porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a  proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la  libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor » (4,18-19; cf. Is 61,1-2). Jesús se sitúa, pues, en la línea del cumplimiento, no sólo  porque lleva a cabo lo que había sido prometido y era esperado por Israel, sino  también, en un sentido más profundo, porque en Él se cumple el evento decisivo  de la historia de Dios con los hombres. Jesús, en efecto, proclama: « El que  me ha visto a mí, ha visto al Padre » (Jn 14,9). Expresado con otras  palabras, Jesús manifiesta tangiblemente y de modo definitivo quién es Dios y  cómo se comporta con los hombres (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 28).

El nuevo cielo y la nueva tierra (65, 16b-25)

Se olvidarán los apuros de antaño, quedarán ocultos a mis ojos,

17pues voy a crear un nuevo cielo, junto con una nueva tierra. No rememorarán lo de antaño, ya no será recordado;

18al contrario, alegraos y gozad sin límites por lo que voy a crear. En efecto, voy a crear una Jerusalén que sea todo gozo, con una población llena de alegría.

19Saltaré de júbilo por Jerusalén, sentiré alegría por mi pueblo; no se oirán llantos en ella, ni gritos pidiendo socorro.

20Ya no habrá niños en ella que mueran a los pocos días; ni adultos que no alcancen una cumplida madurez. Será joven quien muera a los cien años, y maldito quien no los alcance.

21Construirán viviendas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto;

22no construirán para que otros habiten, no plantarán para que otros se alimenten. Mi pueblo durará lo que duren sus plantíos, mis elegidos disfrutarán del fruto de su trabajo.

23No trabajarán para que todo se malogre, no tendrán hijos para verlos morir, pues serán semilla bendita del Señor, y lo mismo sus retoños junto con ellos.

24Antes de que me llamen responderé, estarán aún hablando y los escucharé.

25Juntos pastarán el lobo y el cordero, el león, como la vaca, paja comerá, [la serpiente se alimentará de polvo]. No habrá maldad ni destrucción

en todo mi monte santo -dice el Señor-.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: salvaguardar el medio ambiente

La relación del hombre con el  mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Se trata de una  relación que nace como fruto de la unión, todavía más profunda, del hombre con  Dios. El Señor ha querido a la persona humana como su  interlocutor: sólo en el diálogo con Dios la criatura humana encuentra la propia  verdad, en la que halla inspiración y normas para proyectar el futuro del mundo,  un jardín que Dios le ha dado para que sea cultivado y custodiado (cf. Gn 2,15). Ni siquiera el pecado suprime esta misión, aun cuando haya marcado  con el dolor y el sufrimiento la nobleza del trabajo (cf. Gn 3,17-19).

La creación es constante objeto de alabanza en la oración de  Israel: « ¡Cuán numerosas tus obras, oh Yahvéh! Todas  las has hecho con sabiduría » (Sal 104,24). La salvación de Dios se  concibe como una nueva creación, que restablece la armonía y la  potencialidad de desarrollo que el pecado ha puesto en peligro: « Yo creo cielos  nuevos y tierra nueva » (Is 65,17) -dice el Señor-, « se hará la estepa  un vergel ... y la justicia morará en el vergel ... Y habitará mi pueblo en  albergue de paz » (Is 32,15-18) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 452).


 

Nuevo alumbramiento del pueblo (66, 7-24)

7Sin tener contracciones, ya había dado a luz; antes de venirle los dolores, ha dado vida a un varón.

8¿Quién oyó algo semejante, quién ha visto cosa igual? ¿Se puede engendrar un país en un día, o dar a luz a un pueblo de una vez? Pues apenas sintió los dolores, Sión dio a luz a sus hijos.

9Si soy yo quien abre la matriz, ¿no seré quien haga dar a luz? -dice el Señor-. Y si soy quien hago dar a luz, ¿voy acaso a cerrarle el paso? -dice tu Dios-.

10¡Festejad a Jerusalén, alegraos por ella, todos los que la amáis; gozad con su gozo los que os dolíais por ella!

11Para mamar hasta hartaros del consuelo de sus pechos; para apurar con delicia sus ubres bien repletas.

12Pues así dice el Señor: Voy a dirigir hacia ella la paz, igual que un río; como un torrente crecido, la riqueza de los pueblos. Mamaréis mecidos en los brazos, acariciados sobre las rodillas;

13como a un niño consolado por su madre, así pienso yo consolaros.

14Al verlo, se alegrará vuestro corazón, florecerán vuestros huesos como prado.

 

El Señor mostrará su poder a sus siervos, y lanzará su cólera contra sus enemigos.

15Ved al Señor, que llega como fuego, con sus carros igual que el torbellino; descargará enfurecido su cólera, lanzará su bramido entre llamas.

16El Señor va a juzgar con fuego, con su espada a todo viviente, y hará morir a muchos el Señor.

17La gente que se consagra y purifica para entrar en los jardines sagrados siguiendo al sacerdote que preside, los que comen carne de cerdo, de ratas y animales asquerosos, todos a una perecerán junto con sus acciones y proyectos.

 

18En cuanto a mí, voy a reunir a todas las naciones y lenguas, que llegarán y contemplarán mi gloria.

19Les pondré una señal y enviaré a algunos de sus supervivientes a las naciones: a Tarsis, Put, Lud, Masac, Túbal, Javán y las islas lejanas, que no conocen mi fama ni han visto mi gloria, y hablarán de mi gloria entre las naciones.

20Y traerán de todas las naciones, como ofrenda al Señor, a todos vuestros hermanos, montados en caballos, en carros y en literas, sobre mulos o dromedarios; los traerán a Jerusalén, mi monte santo -dice el Señor-, del mismo modo que traen los israelitas su ofrenda en una vasija pura al Templo del Señor.

21Elegiré a algunos de ellos como sacerdotes o levitas dice el Señor.

22Del mismo modo que el nuevo cielo y la nueva tierra que voy a hacer perdurarán ante mí, así perdurará vuestra descendencia y vuestro apellido.

 

23Luna nueva tras luna nueva y sábado tras sábado, vendrá todo viviente a postrarse ante mí - oráculo del Señor -.

24Cuando salgan del Templo podrán contemplar los cadáveres de aquellos que se rebelaron contra mí, pues su gusano no muere y su fuego no se extingue. Y serán un espanto para todos los vivientes.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: salvaguardar el medio ambiente

La salvación definitiva que  Dios ofrece a toda la humanidad por medio de su propio Hijo, no se realiza fuera  de este mundo. Aun herido por el pecado, el mundo está destinado a conocer una  purificación radical (cf. 2 P 3,10) de la que  saldrá renovado (cf. Is 65,17; 66,22; Ap 21,1), convirtiéndose por  fin en el lugar donde establemente « habite la justicia » (2 P 3,13).

En su ministerio público, Jesús valora los elementos naturales.  De la naturaleza, Él es, no sólo su intérprete sabio en las imágenes y en las  parábolas que ama ofrecer, sino también su dominador (cf. el episodio de la  tempestad calmada en Mt 14,22-33; Mc 6,45-52; Lc 8,22-25; Jn 6,16-21): el Señor pone la naturaleza al servicio de su designio  redentor. A sus discípulos les pide mirar las cosas, las estaciones y los  hombres con la confianza de los hijos que saben no serán abandonados por el  Padre providente (cf. Lc 11,11-13). En cambio de hacerse esclavo de  las cosas, el discípulo de Cristo debe saber servirse de ellas para compartir y  crear fraternidad (cf. Lc 16,9-13) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 453).

 

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