Evangelio según san Marcos

Bautismo de Jesús (Marcos 1, 9-13)

9Por aquellos días llegó Jesús procedente de Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán.

10En el instante mismo de salir del agua, vio Jesús que el cielo se abría y que el Espíritu descendía sobre él como una paloma.

11Y se oyó una voz proveniente del cielo:

- Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.

12Acto seguido el Espíritu impulsó a Jesús a ir al desierto

13donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días. Vivía entre animales salvajes y era atendido por los ángeles.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

El destino universal de los  bienes comporta un esfuerzo común dirigido a obtener para cada persona y para  todos los pueblos las condiciones necesarias de un desarrollo integral, de  manera que todos puedan contribuir a la promoción de un mundo más humano,  « donde cada uno pueda dar y recibir, y donde el progreso de unos no sea  obstáculo para el desarrollo de otros ni un pretexto para su servidumbre ». Este principio corresponde al llamado que el Evangelio incesantemente dirige a  las personas y a las sociedades de todo tiempo, siempre expuestas a las  tentaciones del deseo de poseer, a las que el mismo Señor Jesús quiso someterse  (cf. Mc 1,12-13; Mt 4,1-11; Lc 4,1-13) para enseñarnos el  modo de superarlas con su gracia (Compendio de doctrina social de la Iglesia, n. 175).

Predicación inaugural (Marcos 1, 14-15)

14Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia de Dios.

15Decía:

- El tiempo se ha cumplido y ya está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en la buena noticia.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

La Iglesia, comunidad de los  que son convocados por Jesucristo Resucitado y lo siguen, es  « signo y salvaguardia del carácter trascendente de la  persona humana ». La Iglesia « es en Cristo como un sacramento,  o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el  género humano ». Su misión es anunciar y comunicar la salvación  realizada en Jesucristo, que Él llama « Reino de Dios » (Mc 1,15), es  decir la comunión con Dios y entre los hombres. El fin de la salvación, el Reino  de Dios, incluye a todos los hombres y se realizará plenamente más allá de la  historia, en Dios. La Iglesia ha recibido « la misión de anunciar el reino de  Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra  el germen y el principio de ese reino » (Compendio de doctrina social de la Iglesia, n. 49).

Jesús y el sábado (Marcos 2, 23-28)

23Un sábado iba Jesús paseando por entre unos sembrados. Los discípulos, según pasaban, se pusieron a arrancar espigas.

24Los fariseos dijeron a Jesús:

- ¿No ves que están haciendo algo que no está permitido en sábado?

25Jesús les contestó:

- ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros se sintieron muy hambrientos?

26Entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió de los panes de la ofrenda, algo que no estaba permitido comer a nadie, sino solamente a los sacerdotes. Y dio también a los que lo acompañaban.

27Y Jesús añadió:

- Dios hizo el sábado por causa del ser humano, y no al ser humano por causa del sábado.

28¡El Hijo del hombre es Señor también del sábado!

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

Durante su ministerio terreno,  Jesús trabaja incansablemente, realizando obras poderosas para liberar al hombre  de la enfermedad, del sufrimiento y de la muerte. El  sábado, que el Antiguo Testamento había puesto como día de liberación y que,  observado sólo formalmente, se había vaciado de su significado auténtico, es  reafirmado por Jesús en su valor originario: « ¡El sábado ha sido instituido  para el hombre y no el hombre para el sábado! » (Mc 2,27). Con las  curaciones, realizadas en este día de descanso (cf. Mt 12,9-14; Mc 3,1-6; Lc 6,6-11; 13,10-17; 14,1-6), Jesús quiere demostrar que es Señor  del sábado, porque Él es verdaderamente el Hijo de Dios, y que es el día en que  el hombre debe dedicarse a Dios y a los demás. Liberar del mal, practicar la  fraternidad y compartir, significa conferir al trabajo su significado más noble,  es decir, lo que permite a la humanidad encaminarse hacia el Sábado eterno, en  el cual, el descanso se transforma en la fiesta a la que el hombre aspira  interiormente. Precisamente, en la medida en que orienta la humanidad a la  experiencia del sábado de Dios y de su vida de comunión, el trabajo inaugura  sobre la tierra la nueva creación (Compendio de doctrina social de la Iglesia, n. 261).

Jesús rechazado en Nazaret (Marcos 6, 1-6)

1Jesús se fue de allí y regresó a su pueblo acompañado de sus discípulos.

2Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga; y muchos que lo escuchaban no salían de su asombro y se preguntaban:

- ¿De dónde ha sacado este todo eso? ¿Quién le ha dado esos conocimientos y de dónde proceden esos milagros que hace?

3¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no son sus hermanas estas que viven aquí?

Así que estaban desconcertados a causa de Jesús.

4Por eso les dijo:

- Sólo en su propia tierra, en su propia casa y entre sus familiares menosprecian a un profeta.

5Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos.

6Estaba verdaderamente sorprendido de la falta de fe de aquella gente.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

En su predicación, Jesús  enseña a apreciar el trabajo. Él mismo « se hizo  semejante a nosotros en todo, dedicó la mayor parte de los años de su vida  terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero », en el taller de José (cf. Mt 13,55; Mc 6,3), al cual estaba  sometido (cf. Lc 2,51). Jesús condena el comportamiento del siervo  perezoso, que esconde bajo tierra el talento (cf. Mt 25,14-30) y alaba al  siervo fiel y prudente a quien el patrón encuentra realizando las tareas que se  le han confiado (cf. Mt 24,46). Él describe su misma misión como un  trabajar: « Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo » (Jn 5,17); y a sus discípulos como obreros en la mies del Señor, que  representa a la humanidad por evangelizar (cf. Mt 9,37-38). Para estos  obreros vale el principio general según el cual « el obrero tiene derecho a su  salario » (Lc 10,7); están autorizados a hospedarse en las casas donde  los reciban, a comer y beber lo que les ofrezcan (cf. ibídem) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 259).

Jesús camina sobre el agua (Marcos 6, 45-52)

45A continuación Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca para que llegaran antes que él a la otra orilla del lago, frente a Betsaida, mientras él despedía a la gente.

46Cuando los hubo despedido, se fue al monte para orar.

47Al llegar la noche, la barca ya estaba en medio del lago, mientras Jesús se hallaba solo en tierra firme.

48Ya en las últimas horas de la noche, viendo que estaban casi agotados de remar, porque el viento les era contrario, Jesús se dirigió hacia ellos andando sobre el lago y haciendo ademán de pasar de largo.

49Cuando ellos lo vieron caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar.

50Todos lo vieron y se asustaron; pero Jesús les habló en seguida, diciéndoles:

- Tranquilizaos, soy yo. No tengáis miedo.

51Luego subió a la barca con ellos, y el viento cesó. Ellos no salían de su asombro,

52pues no habían comprendido lo sucedido con los panes y aún tenían la mente embotada.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

La salvación definitiva que  Dios ofrece a toda la humanidad por medio de su propio Hijo, no se realiza fuera  de este mundo. Aun herido por el pecado, el mundo está destinado a conocer una  purificación radical (cf. 2 P 3,10) de la que  saldrá renovado (cf. Is 65,17; 66,22; Ap 21,1), convirtiéndose por  fin en el lugar donde establemente « habite la justicia » (2 P 3,13).

En su ministerio público, Jesús valora los elementos naturales.  De la naturaleza, Él es, no sólo su intérprete sabio en las imágenes y en las  parábolas que ama ofrecer, sino también su dominador (cf. el episodio de la  tempestad calmada en Mt 14,22-33; Mc 6,45-52; Lc 8,22-25; Jn 6,16-21): el Señor pone la naturaleza al servicio de su designio  redentor. A sus discípulos les pide mirar las cosas, las estaciones y los  hombres con la confianza de los hijos que saben no serán abandonados por el  Padre providente (cf. Lc 11,11-13). En cambio de hacerse esclavo de  las cosas, el discípulo de Cristo debe saber servirse de ellas para compartir y  crear fraternidad (cf. Lc 16,9-13) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 453).

 

Jesús anuncia por primera vez su muerte y su resurrección (Marcos 8, 31-36)

31Entonces Jesús empezó a explicarles que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho; que había de ser rechazado por los ancianos del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que luego lo matarían, pero que al tercer día resucitaría.

32Les hablaba con toda claridad. Pedro entonces, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.

33Pero Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a su vez a Pedro, diciéndole:

- ¡Apártate de mí, Satanás! ¡Tú no piensas como piensa Dios, sino como piensa la gente!

34Luego Jesús convocó a la gente y a sus propios discípulos y les dijo:

- Si alguno quiere ser discípulo mío, deberá olvidarse de sí mismo, cargar con su cruz y seguirme.

35Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que entregue su vida por mi causa y por la causa de la buena noticia, ese la salvará.

36Pues ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su propia vida?

37¿O qué podrá dar una persona a cambio de su vida?

38Pues bien, si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje delante de esta gente infiel y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga rodeado de la gloria de su Padre y acompañado de los santos ángeles.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

En su predicación, Jesús  enseña a los hombres a no dejarse dominar por el trabajo. Deben, ante todo,  preocuparse por su alma; ganar el mundo entero no es el objetivo de su vida  (cf. Mc 8,36). Los tesoros de la tierra se  consumen, mientras los del cielo son imperecederos: a estos debe apegar el  hombre su corazón (cf. Mt 6,19-21). El trabajo no debe afanar (cf. Mt 6,25.31.34): el hombre preocupado y agitado por muchas cosas, corre el peligro  de descuidar el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33), del que tiene  verdadera necesidad; todo lo demás, incluido el trabajo, encuentra su lugar, su  sentido y su valor, sólo si está orientado a la única cosa necesaria, que no se  le arrebatará jamás (cf. Lc 10,40-42) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 260).

El más importante en el Reino (Marcos 9, 33-37)

33Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, Jesús les preguntó:

- ¿Qué discutíais por el camino?

34Ellos callaban, porque por el camino habían venido discutiendo acerca de quién de ellos sería el más importante. 35Jesús entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

- Si alguno quiere ser el primero, colóquese en último lugar y hágase servidor de todos.

36Luego puso un niño en medio de ellos y, tomándolo en brazos, les dijo:

37- El que recibe en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no sólo me recibe a mí, sino al que me ha enviado.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

Jesús rechaza el poder  opresivo y despótico de los jefes sobre las Naciones (cf. Mc 10,42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (cf. Lc 22,25), pero jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo. En la diatriba sobre el pago del tributo al César (cf. Mc 12,13-17; Mt 22,15-22; Lc 20,20-26), afirma que es necesario dar a Dios lo que es de  Dios, condenando implícitamente cualquier intento de divinizar y de absolutizar  el poder temporal: sólo Dios puede exigir todo del hombre. Al mismo tiempo, el  poder temporal tiene derecho a aquello que le es debido: Jesús no considera  injusto el tributo al César.

Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y derrotado la  tentación de un mesianismo político, caracterizado por el dominio sobre las  Naciones (cf. Mt 4,8-11; Lc 4,5-8). Él  es el Hijo del hombre que ha venido « a servir y a dar su vida » (Mc 10,45; cf. Mt 20,24-28; Lc 22,24-27). A los discípulos que  discuten sobre quién es el más grande, el Señor les enseña a hacerse los últimos  y a servir a todos (cf. Mc 9,33-35), señalando a los hijos de Zebedeo,  Santiago y Juan, que ambicionan sentarse a su derecha, el camino de la cruz (cf. Mc 10,35-40; Mt 20,20-23) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 379).

 

Enseñanza sobre el matrimonio (Marcos 10, 1-12)

1Jesús partió de aquel lugar y se fue a la región de Judea situada en la otra orilla del Jordán. Allí la gente volvió a reunirse a su alrededor, y él, como tenía por costumbre, se puso de nuevo a instruirlos.

2En esto se le acercaron unos fariseos y, para tenderle una trampa, le preguntaron si está permitido al marido separarse de su mujer.

3Jesús les contestó:

- ¿Qué os mandó Moisés?

4Ellos dijeron:

- Moisés dispuso que el marido levante acta de divorcio cuando vaya a separarse de su mujer.

5Jesús entonces les dijo:

- Moisés escribió esa disposición a causa de vuestra incapacidad para entender los planes de Dios;

6pero Dios, cuando creó al género humano, los hizo hombre y mujer.

7Por esta razón, dejará el hombre a sus padres, [se unirá a su mujer]

8y ambos llegarán a ser como una sola persona. De modo que ya no son dos personas, sino una sola.

9Por tanto, lo que Dios ha unido no deben separarlo los humanos.

10Cuando volvieron de nuevo a casa, los discípulos preguntaron a Jesús qué había querido decir.

11Él les contestó:

- El que se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera;

12y si una mujer se separa de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

El matrimonio tiene como  rasgos característicos: la totalidad, en razón  de la cual los cónyuges se entregan recíprocamente en todos los aspectos de la  persona, físicos y espirituales; la unidad que los hace « una sola carne  » (Gn 2,24); la indisolubilidad y la fidelidad que exige la  donación recíproca y definitiva; la fecundidad a la que naturalmente está  abierto. El sabio designio de Dios sobre el matrimonio -designio  accesible a la razón humana, no obstante las dificultades debidas a la dureza  del corazón (cf. Mt 19,8; Mc 10,5)- no puede ser juzgado  exclusivamente a la luz de los comportamientos de hecho y de las situaciones  concretas que se alejan de él. La poligamia es una negación radical del  designio original de Dios, « porque es contraria a la igual dignidad personal  del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo  mismo único y exclusivo » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 217).

Petición de los hijos de Zebedeo (Marcos 10, 35-45)

35Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:

- Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.

36Jesús les preguntó:

- ¿Qué queréis que haga por vosotros?

37Le dijeron:

- Concédenos que nos sentemos junto a ti en tu gloria: el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

38Jesús les respondió:

- No sabéis lo que estáis pidiendo. ¿Podéis vosotros beber la misma copa de amargura que yo estoy bebiendo, o ser bautizados con el mismo bautismo con que yo estoy siendo bautizado?

39Ellos le contestaron:

- ¡Sí, podemos hacerlo!

Jesús les dijo:

- Pues bien, beberéis de la copa de amargura que yo estoy bebiendo y seréis bautizados con mi propio bautismo;

40pero que os sentéis el uno a mi derecha y el otro a mi izquierda, no es cosa mía concederlo; es para quienes ha sido reservado.

41Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enfadaron con Santiago y Juan.

42Entonces Jesús los reunió y les dijo:

- Como muy bien sabéis, los que se tienen por gobernantes de las naciones las someten a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas las rigen despóticamente.

43Pero entre vosotros no debe ser así. Antes bien, si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás;

44y si alguno quiere ser principal, que se haga servidor de todos.

45Porque así también el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

Las nuevas relaciones de  interdependencia entre hombres y pueblos, que son, de hecho, formas de  solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y  propia solidaridad ético-social, que es la exigencia  moral ínsita en todas las relaciones humanas. La solidaridad se presenta, por  tanto, bajo dos aspectos complementarios: como principio social  y como virtud moral.

La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de  principio social ordenador de las instituciones,  según el cual las « estructuras de pecado », que dominan  las relaciones entre las personas y los pueblos, deben ser superadas y  transformadas en estructuras de solidaridad, mediante la creación o la  oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos.

La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral,  no « un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o  lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de  empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno,  para que todos seamos verdaderamente responsables de todos ». La solidaridad se eleva al rango de virtud social fundamental, ya que se  coloca en la dimensión de la justicia, virtud orientada por excelencia al bien común, y en « la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a  "perderse", en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a "servirlo"  en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10,40-42; 20, 25; Mc 10,42-45; Lc 22,25-27) » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 193).

La cuestión del tributo al emperador (Marcos 12, 13-17)

13Los fariseos y los del partido de Herodes enviaron algunos de los suyos con el encargo de sorprender a Jesús en alguna palabra comprometedora.

14Vinieron, pues, y le preguntaron:

- Maestro, sabemos que tú eres sincero y que no te preocupa el qué dirán, pues no juzgas a la gente por las apariencias, sino que enseñas con toda verdad a vivir como Dios quiere; así pues, ¿estamos o no estamos obligados a pagar el tributo al emperador romano? ¿Tenemos o no tenemos que dárselo?

15Jesús, conociendo la hipocresía que había en ellos, les contestó:

- ¿Por qué me ponéis trampas? Traedme un denario para que yo lo vea.

16Ellos se lo presentaron y Jesús les preguntó:

- ¿De quién es esta efigie y esta inscripción?

Le contestaron:

- Del emperador.

17Entonces Jesús les dijo:

- Pues dad al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios.

Con esta respuesta quedaron estupefactos.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

Jesús rechaza el poder  opresivo y despótico de los jefes sobre las Naciones (cf. Mc 10,42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (cf. Lc 22,25), pero jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo. En la diatriba sobre el pago del tributo al César (cf. Mc 12,13-17; Mt 22,15-22; Lc 20,20-26), afirma que es necesario dar a Dios lo que es de  Dios, condenando implícitamente cualquier intento de divinizar y de absolutizar  el poder temporal: sólo Dios puede exigir todo del hombre. Al mismo tiempo, el  poder temporal tiene derecho a aquello que le es debido: Jesús no considera  injusto el tributo al César.

Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y derrotado la  tentación de un mesianismo político, caracterizado por el dominio sobre las  Naciones (cf. Mt 4,8-11; Lc 4,5-8). Él  es el Hijo del hombre que ha venido « a servir y a dar su vida » (Mc 10,45; cf. Mt 20,24-28; Lc 22,24-27). A los discípulos que  discuten sobre quién es el más grande, el Señor les enseña a hacerse los últimos  y a servir a todos (cf. Mc 9,33-35), señalando a los hijos de Zebedeo,  Santiago y Juan, que ambicionan sentarse a su derecha, el camino de la cruz (cf. Mc 10,35-40; Mt 20,20-23) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 379).

El mandamiento principal (Marcos 12, 28-34)

28Uno de los maestros de la ley que había escuchado toda la discusión, al ver lo bien que Jesús les había respondido, se acercó a él y le preguntó:

- ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

29Jesús le contestó:

- El primero es: Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. 30Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

31Y el segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que estos.

32El maestro de la ley contestó a Jesús:

- ¡Muy bien, Maestro! Es cierto lo que dices: Dios es único y no hay otro fuera de él.

33Y amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro entendimiento y con todas nuestras fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34Jesús entonces, viendo que había contestado con sabiduría, le dijo:

- Tú no estás lejos del reino de Dios.

Después de esto, ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

La universalidad e integridad  de la salvación ofrecida en Jesucristo, hacen inseparable el nexo entre la  relación que la persona está llamada a tener con Dios y la responsabilidad  frente al prójimo, en cada situación histórica concreta.  Es algo que la universal búsqueda humana de verdad y de sentido ha intuido, si  bien de manera confusa y no sin errores; y que constituye la estructura fundante  de la Alianza de Dios con Israel, como lo atestiguan las tablas de la Ley y la  predicación profética.

Este nexo se expresa con claridad y en una síntesis perfecta en  la enseñanza de Jesucristo y ha sido confirmado definitivamente por el  testimonio supremo del don de su vida, en obediencia a la voluntad del Padre y  por amor a los hermanos. Al escriba que le pregunta:  « ¿cuál es el primero de todos los mandamientos? » (Mc 12,28), Jesús  responde: « El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el  único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu  alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás  a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos » (Mc 12,29-31).

En el corazón de la persona humana se entrelazan  indisolublemente la relación con Dios, reconocido como Creador y Padre, fuente y  cumplimiento de la vida y de la salvación, y la apertura al amor concreto hacia  el hombre, que debe ser tratado como otro yo, aun cuando sea un enemigo (cf. Mt 5,43- 44). En la dimensión interior del hombre radica, en  definitiva, el compromiso por la justicia y la solidaridad, para la edificación  de una vida social, económica y política conforme al designio de Dios (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 40).

Complot contra Jesús (Marcos 14, 1-9)

1Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los Panes sin levadura, y los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley andaban buscando el modo de tender una trampa a Jesús para prenderlo y matarlo.

2Decían, sin embargo:

- No lo hagamos durante la fiesta, a fin de evitar una alteración del orden público.

3Estaba Jesús en Betania, en casa de un tal Simón, a quien llamaban el leproso. Mientras se hallaba sentado a la mesa, llegó una mujer que llevaba en un frasco de alabastro un perfume de nardo auténtico y muy valioso. Rompió el frasco y vertió el perfume sobre la cabeza de Jesús.

4Molestos por ello, algunos comentaban entre sí: "¿A qué viene tal derroche de perfume?

5Podía haberse vendido este perfume por más de trescientos denarios y haber entregado el importe a los pobres". Así que murmuraban contra aquella mujer.

6Pero Jesús les dijo:

- Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo es bueno.

7A los pobres los tendréis siempre entre vosotros y podréis hacerles todo el bien que queráis; pero a mí no me tendréis siempre.

8Ha hecho lo que estaba en su mano preparando por anticipado mi cuerpo para el entierro.

9Os aseguro que, en cualquier lugar del mundo donde se anuncie la buena noticia, se recordará también a esta mujer y lo que hizo.

Clave de lectura desde la doctrina social de la Iglesia

La miseria humana es el signo  evidente de la condición de debilidad del hombre y de su necesidad de salvación. De ella se compadeció Cristo Salvador, que se identificó con sus « hermanos más  pequeños » (Mt 25,40.45). « Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo  que hayan hecho por los pobres. La buena nueva "anunciada a los pobres" (Mt 11,5; Lc 4,18) es el signo de la presencia de Cristo ».

Jesús dice: « Pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis  siempre » (Mt 26,11; cf. Mc 14,3-9; Jn 12,1-8) no para  contraponer al servicio de los pobres la atención dirigida a Él. El realismo  cristiano, mientras por una parte aprecia los esfuerzos laudables que se  realizan para erradicar la pobreza, por otra parte pone en guardia frente a  posiciones ideológicas y mesianismos que alimentan la ilusión de que se pueda  eliminar totalmente de este mundo el problema de la pobreza. Esto sucederá sólo  a su regreso, cuando Él estará de nuevo con nosotros para siempre. Mientras  tanto, los pobres quedan confiados a nosotros y en base a esta  responsabilidad seremos juzgados al final (cf. Mt 25,31-46): «  Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer  las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos » (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 183).

 

 

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