El profeta Zacarías

Visión sobre la reconstrucción de Jerusalén
Za 1,1-2,4
El mes octavo del año segundo de Darío, recibió el profeta Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Guedí, el siguiente mensaje del Señor:
«El Señor está irritado contra vuestros padres. Les dirás: "Así dice el Señor de los ejércitos: Convertíos a mí -oráculo del Señor de los ejércitos-, y me convertiré a vosotros -dice el Señor de los ejércitos-. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: `Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras malas obras´; pero no me obedecieron ni me hicieron caso -oráculo del Señor-. Vuestros padres ¿dónde moran ahora? Vuestros profetas ¿viven eternamente? Pero mis palabras y preceptos que mandé a mis siervos, los profetas, ¿no es verdad que alcanzaron a vuestros padres de modo que se convirtieron, diciendo: `Como el Señor de los ejércitos había dispuesto tratarnos por nuestra conducta y obras, así nos ha sucedido´?"»
El veinticuatro del mes undécimo del segundo año del reinado de Darío, el Señor dirigió la palabra a Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Guedí:
En una visión nocturna se me apareció un jinete sobre un caballo alazán, parado en un hondón entre los mirtos; detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos. Pregunté:
«¿Quiénes son, señor?»
Me contestó el ángel que hablaba conmigo:
«Te voy a enseñar quiénes son.»
Y el que estaba entre los mirtos me dijo:
«A éstos los ha despachado el Señor para que recorran la tierra.»
Ellos informaron al ángel del Señor, que estaba entre los mirtos:
«Hemos recorrido la tierra, y la hemos encontrado en paz y tranquila.»
Entonces el ángel del Señor dijo:
«Señor de los ejércitos, ¿cuándo te vas a compadecer de Jerusalén y de los pueblos de Judá? Ya hace setenta años que estás airado contra ellos.»
El Señor contestó al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, frases de consuelo. Y el ángel que me hablaba me dijo:
«Proclama lo siguiente: "Así dice el Señor de los ejércitos: Siento celos de Jerusalén, celos grandes de Sión, y siento gran cólera contra las naciones confiadas que se aprovechan de mi breve cólera para colaborar al mal. Por eso, así dice el Señor: Me vuelvo a Jerusalén con compasión, y mi templo será reedificado -oráculo del Señor de los ejércitos-, y aplicarán la plomada a Jerusalén." Sigue proclamando: "Así dice el Señor de los ejércitos: Otra vez rebosarán las ciudades de bienes, el Señor consolará otra vez a Sión, Jerusalén será su elegida."»
Alcé la vista y vi cuatro cuernos. Pregunté al ángel que hablaba conmigo:
«¿Qué significan?»
Me contestó:
«Significan los cuernos que dispersaron a Judá, Israel y Jerusalén.»
Después el Señor me enseñó cuatro herreros. Pregunté:
«¿Qué han venido a hacer?»
Respondió:
«Aquéllos son los cuernos que dispersaron tan bien a Judá que nadie pudo levantar cabeza, y éstos han venido a espantarlos, a expulsar los cuernos de las naciones que embestían con los cuernos a Judá para dispersarla.»
Promesas hechas al jefe Zorobabel y al sacerdote Josué
Za 3,1-4,14
En aquellos días, el Señor me enseñó al sumo sacerdote, Josué, de pie ante el ángel del Señor. A su derecha estaba el Satán acusándolo. El Señor dijo a Satán:
«El Señor te llama al orden, Satán, el Señor que ha escogido a Jerusalén te llama al orden. ¿No es ése un tizón sacado del fuego?»
Josué estaba vestido con un traje sucio, en pie delante del ángel. Éste dijo a los que estaban allí delante: «Quitadle el traje sucio.»
Y a él le dijo:
«Mira, aparto de ti la culpa y te visto de fiesta.»
Y añadió:
«Ponedle en la cabeza una diadema limpia.»
Le pusieron la diadema limpia y lo revistieron. El ángel del Señor asistía y dijo a Josué:
«Así dice el Señor: Si sigues mi camino y guardas mis mandamientos, también administrarás mi templo y guardarás mis atrios, y te dejaré acercarte con esos que están ahí. Escucha, pues, Josué, sumo sacerdote, tú y los compañeros que se sientan en tu presencia: Son figuras proféticas; mirad, yo enviaré mi siervo Germen; la piedra que coloqué ante Josué -sobre una piedra, siete ojos--, en ella grabo una inscripción -oráculo del Señor de los ejércitos-: en un solo día destruiré la culpa de esta tierra. Aquel día -oráculo del Señor de los ejércitos-, se invitarán uno a otro bajo la parra y la higuera.»
Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como se despierta a uno del sueño, y me dijo:
«¿Qué ves?»
«Veo un candelabro de oro macizo con un cuenco en la punta, siete lámparas y siete tubos que enlazan con la punta. Y dos olivos junto a él, a derecha e izquierda.»
Pregunté al ángel que hablaba conmigo:
«¿Qué significan, señor?»
El ángel que hablaba conmigo contestó:
«Pero ¿no sabes lo que significan?»
Repuse:
«No, señor.»
Entonces él me explicó:
«Esas siete lámparas representan los ojos del Señor, que se pasean por toda la tierra.»
Entonces yo pregunté:
«¿Y qué significan esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?»
Insistí:
«¿Qué significan los dos plantones de olivo junto a los dos tubos de oro que conducen el aceite?»
Me dijo:
«Pero ¿no lo sabes?»
Respondí:
«No, señor.»
Y me dijo:
«Son los dos ungidos que sirven al Dueño de todo el mundo.»
Promesas de salvación para Sión
Za 8,1-17.20-23
Vino la palabra del Señor de los ejércitos:
«Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de ella.
Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad Fiel, y el monte del Señor de los ejércitos, Monte Santo.
Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas, hombres que, de viejos, se apoyan en bastones. Las calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle.
Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día, ¿será también imposible a mis ojos? -oráculo del Señor de los ejércitos.
Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios con verdad y con justicia.
Así dice el Señor de los ejércitos: Fortaleced las manos, los que escuchasteis aquel día esta palabra de boca de los profetas, el día en que colocaron la primera piedra para construir el templo del Señor. Antes de aquel día, hombres y animales no recibían paga, no había paz para los que iban y venían, a causa del enemigo, y yo excitaba a unos contra otros. Pero ahora no trataré como en días pasados al resto de este pueblo -oráculo del Señor de los ejércitos-. La siembra está segura, la vid dará fruto, la tierra da cosechas, los cielos envían rocío, y todo lo daré en posesión al resto de este pueblo. Así como fuisteis maldición de las gentes, Judá e Israel, así os salvaré y seréis bendición. No temáis, fortaleced las manos.
Así dice el Señor de los ejércitos: Como decretaba desgracias contra vosotros, cuando me irritaron vuestros padres -dice el Señor de los ejércitos-, y no me arrepentía, así me arrepentiré en aquellos días, y decretaré bienes para Judá y Jerusalén: no temáis. Esto es lo que debéis cumplir: Decid la verdad al prójimo. Juzgad rectamente en los tribunales. Que nadie maquine en su corazón contra el prójimo. No améis jurar en falso. Que yo odio todo esto -oráculo del Señor-.
Así dice el Señor de los ejércitos: Todavía vendrán pueblos y vecinos de ciudades populosas; los de una ciudad irán a los de otra y les dirán: "Vamos a aplacar al Señor." "Yo voy contigo a visitar al Señor de los ejércitos." Así vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a visitar al Señor de los ejércitos en Jerusalén y a aplacar al Señor.
Así dice el Señor de los ejércitos: En aquellos días, diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto y le dirán: "Vamos con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros."»
Promesa de salvación para Sión
Za 9,1-10,2
Una palabra del Señor en territorio de Jadrac, con residencia en Damasco; porque al Señor le pertenecen la capital de Siria como todas las tribus de Israel; y también la vecina Jamar, y Tiro y Sidón, las habilísimas. Tiro se construyó una fortaleza, amontonó plata como polvo, y oro como barro de la calle; pero el Señor la desposeerá, arrojará al mar sus riquezas, y ella será pasto del fuego.
Ascalón, al verlo, temblará; Gaza se retorcerá; y también Ecrón, por el fracaso de la que era su esperanza. Perecerá el rey de Gaza; Ascalón quedará deshabitada. En Asdod habitarán bastardos; y aniquilaré el orgullo de los filisteos. Les arrancaré la sangre de la boca y las comidas nefandas de los dientes: entonces un resto de ellos será de nuestro Dios, será como una tribu de Judá, y Ecrón como los jebuseos.
Pondré una guarnición en mi casa contra los que merodean, y no volverá a pasar el tirano, porque ahora vigilo con mis ojos.
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confin de la tierra.
Por la sangre de tu alianza, libertaré a los presos del calabozo. Volved a la plaza fuerte, cautivos esperanzados; hoy te envío un segundo mensajero. Tenderé a Judá como un arco y lo cargaré con Efraín; Sión, te convierto en espada de campeón, e incitaré a tus hijos contra los de Grecia.
El Señor se les aparecerá disparando saetas como rayos, el Señor tocará la trompeta y avanzará entre huracanes del sur. El Señor de los ejércitos será su escudo; se tragarán como carne a los honderos, beberán como vino su sangre, se llenarán como copas o como salientes del altar.
Aquel día, el Señor los salvará, y su pueblo será como un rebaño en su tierra, como piedras agrupadas en una diadema. ¿Cuál es su riqueza, cuál es su belleza? Un trigo que desarrolla a los jóvenes, un vino que desarrolla a las jóvenes.
Implorad del Señor las lluvias tempranas y tardías, que el Señor envía los relámpagos y los aguaceros, da pan al hombre y hierba al campo. En cambio, los fetiches prometen en vano, los agoreros ven falsedades, cuentan sueños fantásticos, consuelan sin provecho. Por eso, vagan perdidos como ovejas sin pastor.
Liberación y regreso de Israel
Za 10,3-11,3
Así dice el Señor:
«Contra los pastores se enciende mi cólera, tomaré cuentas a los machos cabríos. El Señor de los ejércitos cuidará de su rebaño, la casa de Judá, y hará de él su corcel real en la batalla. Ellos proveerán remates y estacas para las tiendas, ellos, los arcos guerreros y los capitanes; todos juntos serán como soldados que pisan el lodo de la calle en la batalla; pelearán porque el Señor está con ellos, y los jinetes saldrán derrotados. Haré aguerrida a la casa de Judá, daré la victoria a la casa de José, los repatriaré, pues me dan lástima, y serán como si no los hubiera rechazado. Yo soy el Señor, su Dios, que les responde.
Efraín será como un soldado, se sentirá alegre, como si hubiera bebido; sus hijos, al verlo, se alegrarán, se sentirán gozosos con el Señor. Silbaré para reunirlos, pues los redimí, y serán tan numerosos como antes. Si los dispersé por varias naciones, allá lejos criarán hijos, se acordarán de mí y volverán.
Los repatriaré desde Egipto, los reuniré en Asiria, los conduciré a Galaad y al Líbano, y no les quedará sitio. Entonces atravesarán un mar hostil: golpearé el mar agitado, y se secará el fondo del Nilo. Será abatido el orgullo de Asiria y arrancado el cetro de Egipto; con la fuerza del Señor, avanzarán en su nombre.» Oráculo del Señor.
Abre tus puertas, Líbano, que el fuego se cebe en tus cedros. Gime, ciprés, que ha caído el cedro, han talado los árboles próceres; gemid, encinas de Basán, que ha caído la selva impenetrable. Oíd: gimen los pastores, porque han asolado sus pastos; oíd: rugen los leones, porque han asolado la espesura del Jordán.
Parábola de los pastores
Za 11,4-12,8
Así dice el Señor, mi Dios:
«Apacienta las ovejas para la matanza, los compradores las matan impunemente, los vendedores dicen: "¡Bendito el Señor! Me hago rico"; los pastores no las perdonan. No perdonaré más a los habitantes del país -oráculo del Señor-. Entregaré a cada cual en manos de su prójimo, en manos de su rey; ellos devastarán la tierra, sin que haya quien los salve.»
Yo, entonces, apacenté el rebaño de ovejas para la matanza, por cuenta de los tratantes de ganado. Tomé dos varas: a una la llamé Hermosura; a la otra la llamé Concordia, y apacenté el ganado. Eliminé los tres pastores en un mes: estaba yo irritado con ellos, y ellos conmigo, y dije:
«Ya no pastorearé; quien quiera morir, que muera; la que quiera perecer, que perezca; las que queden se comerán unas a otras.»
Tomé la vara Hermosura y la rompí, para romper mi alianza con los pueblos. Al terminar aquel día la alianza, los tratantes de ovejas que me vigilaban comprendieron que había sido palabra del Señor. Yo les dije:
«Si os parece, pagadme salario; y, si no, dejadlo.»
Ellos pesaron mi salario: treinta dineros. El Señor me dijo:
«Échalo en el tesoro del templo: es el precio en que me aprecian.»
Tomé, pues, los treinta dineros, y los eché en el tesoro del templo. Rompí la segunda vara, Concordia, para romper la hermandad de Judá e Israel. El Señor me dijo:
«Toma tus aperos de un pastor torpe, porque yo suscitaré un pastor que no vigile a los que se extravían ni busque lo perdido, ni cure lo quebrado, ni alimente lo sano, sino que se coma la carne del ganado cebado, arrancándole las pezuñas. Ay del pastor torpe, que abandona el rebaño; la espada contra su brazo, contra su ojo derecho; su brazo se secará, se apagará su ojo derecho.»
Oráculo. Palabra del Señor para Israel. Oráculo del Señor que desplegó el cielo, cimentó la tierra y formó el espíritu del hombre dentro de él:
«Mirad: voy a hacer de Jerusalén una copa embriagadora para todos los pueblos vecinos; también Judá estará en el asedio de Jerusalén.
Aquel día, haré de Jerusalén una piedra caballera para todos los pueblos: cuando se alíen contra ella todas las naciones del mundo, el que intente levantarla se herirá con ella.
Aquel día -oráculo del Señor-, haré que se espanten los caballos y se asusten los jinetes; pondré mis ojos en Judá y cegaré los caballos de los paganos. Las tribus de Judá se dirán: "Los vecinos de Jerusalén cobran fuerzas gracias al Señor de los ejércitos, su Dios."
Aquel día, haré de las tribus de Judá un incendio en la espesura, una tea en las gavillas: se cebarán a derecha e izquierda en todos los pueblos vecinos; mientras Jerusalén seguirá habitada en su sitio. Él salvará las tiendas de Judá como antaño: así ni la dinastía davídica ni los vecinos de Jerusalén mirarán con orgullo a Judá.»
Aquel día, escudará el Señor a los vecinos de Jerusalén: el más flojo será un David, el sucesor de David será un dios, un ángel del Señor al frente de ellos.
La salvación en Jerusalén
Za 12,9-12a; 13,1-9
Así dice el Señor:
«Aquel día, me dispondré a aniquilar a los pueblos que invadan a Jerusalén. Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito.
Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido. Hará duelo el país, familia por familia.
Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.
Aquel día -oráculo del Señor de los ejércitos-, aniquilaré de la tierra los nombres de los ídolos, y no serán invocados. Y lo mismo haré con sus profetas, y el espíritu impuro, lo aniquilaré. Si se pone uno a profetizar, le dirán el padre y la madre que lo engendraron: "No quedarás vivo, porque has anunciado mentiras en nombre del Señor"; y el padre y la madre que lo engendraron lo traspasarán porque pretendió ser profeta.
Aquel día, se avergonzarán los profetas de sus visiones y profecías, y no vestirán mantos peludos para engañar. Dirán: "No soy profeta, sino labrador; desde mi juventud, la tierra es mi ocupación." Le dirán: "¿Qué son esas heridas entre tus brazos?" Y él responderá: "Me hirieron en casa de mis amantes."
Alzate, espada, contra mi pastor, contra mi ayudante -oráculo del Señor-. Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, volveré mi mano contra las crías. En toda la tierra -oráculo del Señor- serán exterminados dos tercios y quedará una tercera parte. Pasaré a fuego esa tercera parte, la purificaré como se purifica la plata, la depuraré como se acrisola el oro. Él invocará mi nombre, y yo le responderé; yo diré: "Pueblo mío", y él dirá: "Señor, Dios mío."»
Tribulaciones y gloria de Jerusalén en los últimos tiempos
Za 14,1-21
Así dice el Señor:
«Mirad que llega el día del Señor, en que se repartirá botín en medio de ti. Movilizará a todas las naciones contra Jerusalén: conquistarán la ciudad, saquearán las casas, violarán a las mujeres; la mitad de la población marchará al destierro, el resto del pueblo no será expulsado de la ciudad. Porque el Señor saldrá a luchar contra esas naciones, como cuando salía a luchar en la batalla.
Aquel día, asentará los pies sobre el monte de los Olivos, a oriente de Jerusalén, y los dividirá por el medio con una vega dilatada de levante a poniente; la mitad del monte se apartará hacia el norte, la otra mitad hacia el sur. El valle de Hinón quedará bloqueado, porque el valle entre los dos montes seguirá su dirección. Y vosotros huiréis, como cuando el terremoto en tiempos de Ozías, rey de Judá. Y vendrá el Señor, mi Dios, con todos sus consagrados.
Aquel día, no habrá luz sino frío y hielo. Será un día único, conocido del Señor. Sin día ni noche, pues por la noche habrá luz.
Aquel día, brotarán aguas de vida de Jerusalén, la mitad hacia el mar oriental, la mitad hacia el mar occidental, en verano como en invierno.
El Señor reinará sobre todo el orbe; aquel día, será el Señor único, y único será su nombre. Todo el país se allanará, desde Gaba hasta Rimón, al sur de Jerusalén. Esta ciudad estará alta y habitada, desde la Puerta de Benjamín hasta la Puerta Vieja, y hasta la Puerta de los Picos, desde la torre de Jananel hasta las Bodegas del Rey. Habitarán en ella, y no será destruida, sino que habitarán en Jerusalén con seguridad.
A todos los pueblos que lucharon contra Jerusalén el Señor les impondrá el siguiente castigo: se les pudrirá la carne mientras estén en pie, se les pudrirán los ojos en las cuencas, se les pudrirá la lengua en la boca.
Aquel día, los asaltará un pánico terrible enviado por el Señor: cuando uno agarre la mano de un camarada, el otro volverá su mano contra él. Hasta Judá luchará con Jerusalén. Arrebatarán las riquezas de los pueblos vecinos: plata, oro y trajes innumerables. Los caballos, mulos, asnos, camellos y demás animales que haya en los campamentos sufrirán el mismo castigo.
Los supervivientes de las naciones que invadieron Jerusalén vendrán cada año a rendir homenaje al Rey, al Señor de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de las Chozas. La tribu que no suba a Jerusalén a rendir homenaje al Rey no recibirá lluvia en su territorio. Si alguna tribu egipcia no acude, el Señor la castigará como castiga a los que no van a celebrar la fiesta de las Chozas. Ésa será la pena de Egipto y de las naciones que no vengan a celebrar la fiesta de las Chozas.
Aquel día, aun los cascabeles de los caballos llevarán escrito: "Consagrado al Señor"; los calderos del templo serán tan santos como las bandejas del altar. Todo caldero en Jerusalén y en Judá estará consagrado al Señor de los ejércitos. Los que vengan a sacrificar los usarán para guisar en ellos.
Y, aquel día, ya no habrá mercaderes en el templo del Señor de los ejércitos.»

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