Ezequiel

Alegoría de un amor infiel (16, 1-63)

1El Señor me dirigió la palabra:

2- Hijo de hombre, da a conocer a Jerusalén sus infidelidades.

3Dirás: Esto dice el Señor Dios a Jerusalén: Por tu origen y tus antepasados, eres del país de los cananeos. Tu padre era amorreo* y tu madre hitita.

4El día de tu nacimiento no te cortaron el cordón umbilical, no fuiste lavada, no fuiste frotada con sal ni envuelta en pañales.

5Nadie se compadeció de ti ni, movido por la piedad, te hizo nada de eso, sino que fuiste arrojada en el campo el día de tu nacimiento, pues dabas asco.

6Pero pasé junto a ti y te vi revolcándote en tu sangre; entonces te dije: Vive

7y desarróllate como los brotes del campo. Efectivamente, te desarrollaste, creciste y te llegó el tiempo de la menstruación. Tus pechos se afianzaron y te brotó el vello púbico, pero seguías desnuda del todo.

8Pasé junto a ti y, al verte, me di cuenta que te había llegado el tiempo del amor. Extendí entonces mi manto y cubrí tu desnudez, e hice alianza contigo bajo juramento -oráculo del Señor Dios-. Así fuiste mía.

9Te lavé, te limpié la sangre que llevabas encima y te perfumé.

10Después te vestí con ropa recamada, te puse sandalias de cuero fino, un ceñidor de lino y un manto de seda.

11Te cubrí de joyas, te puse pulseras en las muñecas y una gargantilla en el cuello.

12Te puse un arete en la nariz y pendientes en las orejas, y una espléndida corona en la cabeza.

13Ibas enjoyada de oro y plata, vestida de lino, seda y ropa recamada; te alimentabas de flor de harina, miel y aceite. Te hiciste sumamente hermosa, digna de ser una reina.

14Tu fama se extendió por otros países, pues era perfecta tu hermosura, el esplendor con que yo te había dotado -oráculo del Señor Dios-.

15Pero, pagada de tu belleza y aprovechando tu fama, te prostituiste y prodigaste tus encantos de prostituta con todo el que pasaba, quienquiera que fuese.

16Tomaste algunos de tus vestidos y te hiciste tiendas de colores para instalarlas en los santuarios de los altos, y te prostituiste en ellas. 17Tomaste los adornos que te hermoseaban, hechos con el oro y la plata que yo te había regalado, y te fabricaste ídolos para prostituirte con ellos.

18Los cubriste con tus vestidos recamados y les ofreciste el aceite y el incienso que yo te había dado.

19También les ofreciste, como ofrenda aromática, el pan que yo te había dado y la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te había alimentado -oráculo del Señor Dios-.

20Tomaste a tus hijos e hijas, que me habías dado a luz, y se los ofreciste en sacrificio como alimento. Y como te parecía poco tu conducta de prostituta,

21degollaste a mis hijos y se los ofreciste para que fueran pasados por el fuego.

22Con todas tus abominaciones y prostituciones no te acordaste de cuando eras una niña y estabas desnuda del todo, de cuando te revolcabas en tu sangre.

23Y aparte de todas estas infamias ¡ay de ti! -oráculo del Señor Dios-,

24te construiste un prostíbulo y en todas las plazas te hiciste una plataforma.

25Erigiste tu plataforma en los cruces de todos los caminos, deshonrando tu hermosura, y te abrías de piernas a todo el que pasaba, agravando así tu conducta de prostituta.

26Te prostituiste con los egipcios, esos vecinos tuyos de enormes genitales, y agravaste tu conducta de prostituta con ánimo de provocarme. 27Entonces extendí mi mano contra ti, reduje tu ración y te puse a merced de tus enemigas las filisteas, que se avergonzaron de tu conducta inmoral.

28Te prostituiste con los asirios, pues por lo visto no habías tenido suficiente, y aun así no te hartaste.

29Agravaste tu conducta de prostituta en tierra de comerciantes, en Caldea; y ni aun así te hartaste.

30¡Qué enfebrecido tiene que estar tu corazón -oráculo del Señor Dios- para hacer todas estas cosas, acciones propias de una prostituta empecinada,

31para construir tu prostíbulo en los cruces de todos los caminos y para erigir tu plataforma en todas las plazas! Pero no fuiste como la prostituta profesional, pues despreciabas tu paga.

32La esposa adúltera, que prescinde de su marido, acepta regalos;

33a todas las prostitutas se les paga lo convenido. Tú, en cambio, hacías regalos a todos tus amantes y los atraías con mercedes para que vinieran de los alrededores a fornicar contigo.

34Te ha ocurrido lo contrario que a las demás mujeres pues, como nadie ha ido tras de ti solicitándote, has sido tú la que ha pagado en lugar de recibir lo convenido. ¡Justo al revés!

35Por tanto, prostituta, escucha la palabra del Señor.

36Esto dice el Señor Dios: Por haber puesto al descubierto tu sexo y haber enseñado tu desnudez al fornicar con tus amantes (esos ídolos abominables a los que ofreciste la sangre de tus hijos),

37pienso reunir a todos los amantes que complaciste, a los que amabas y a los que odiabas. Te los reuniré de los alrededores y descubriré tu desnudez ante ellos para que contemplen tus vergüenzas.

38Te aplicaré el castigo de las adúlteras y de las homicidas, descargaré sobre ti el furor que me provocan los celos.

39Te entregaré en sus manos, abatirán tu prostíbulo, demolerán tus plataformas, rasgarán tus vestidos, te quitarán las joyas y te dejarán desnuda del todo.

40Te atacarán en tropel, te apedrearán y te atravesarán con sus espadas.

41Prenderán fuego a tus casas y te aplicarán la sentencia en presencia de numerosas mujeres; pondré fin a tus prostituciones y no volverás a dar regalos a tus amantes.

42Una vez que descargue en ti mi cólera, se acabarán los celos que siento por ti, me sosegaré y no volveré a irritarme.

43Por no haberte acordado de cuando eras joven y por haberme irritado con todas esas cosas, te haré responsable de tu conducta -oráculo del Señor Dios-. Porque, además de todas tus abominaciones, ¿acaso no has cometido infamia?

44Verás cómo los que inventan refranes te sacarán el siguiente: "De tal madre tal hija".

45Eres hija de tu madre, que aborreció a su marido y a sus hijos; y hermana de tus hermanas, que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre era hitita y vuestro padre amorreo.

46Tu hermana mayor es Samaría que, con sus ciudades, está situada a tu izquierda; tu hermana menor es Sodoma que, con sus ciudades, está situada a tu derecha.

47¿No te has portado igual de mal que ellas y has cometido sus mismas abominaciones? ¿Incluso no las has superado con toda tu conducta corrompida?

48Lo juro por mí mismo -oráculo del Señor Dios- que tu hermana Sodoma y sus ciudades no se han portado tan mal como tú y tus ciudades. 49Este fue el pecado de tu hermana Sodoma y de sus ciudades: orgullo, hartura de pan y despreocupación; fue incapaz de echar una mano al pobre y al indigente.

50Se enorgullecieron y cometieron abominaciones en mi presencia; por eso las hice desaparecer, como has podido ver.

51Respecto a Samaría, no ha cometido ni la mitad de los pecados que tú; tus abominaciones son más numerosas que las suyas, de tal modo que has dejado en buen lugar a tus hermanas con todas las abominaciones que has perpetrado.

52Así pues, carga con tu afrenta por haber inclinado la balanza a favor de tus hermanas; con tus abominables pecados las has dejado en buen lugar. Así pues, avergüénzate y carga con tu afrenta, por haber dejado en buen lugar a tus hermanas.

53Pero cambiaré la suerte de Sodoma y sus ciudades y la suerte de Samaría y sus ciudades, y la tuya junto con la de ellas,

54de este modo tendrás que soportar tu afrenta y avergonzarte de todo lo que has hecho, convirtiéndote así en un consuelo para ellas.

55Tu hermana Sodoma y sus ciudades volverán a su situación anterior; tu hermana Samaría y sus ciudades volverán a su situación anterior; y también tú y tus ciudades volveréis a vuestra situación anterior.

56¿No hiciste de tu hermana Sodoma objeto de tus comentarios hirientes en tu época arrogante,

57antes de que quedase al descubierto tu desnudez? Pues del mismo modo resuena ahora a tu alrededor el insulto de las ciudades edomitas, de sus circunvecinas y de las ciudades filisteas, que te desprecian.

58Ahora tendrás que cargar con tu inmoralidad y tus abominaciones -oráculo del Señor-.

59Pues esto dice el Señor Dios: Debería hacer contigo lo mismo que tú hiciste, cuando despreciaste el juramento y rompiste la alianza.

60Pero yo me acordaré de la alianza que sellé contigo cuando eras joven y estableceré contigo una alianza eterna.

61Por tu parte, recordarás tu conducta y te avergonzarás cuando yo tome a tus hermanas, mayores y menores, y te las dé como hijas, aunque no como partícipes de tu alianza.

62Estableceré mi alianza contigo y tendrás que reconocer que yo soy el Señor,

63de modo que, al acordarte del pasado, te avergüences y, avergonzada, no vuelvas a abrir la boca, pues voy a perdonarte todo lo que has hecho -oráculo del Señor Dios-.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el sacramento del matrimonio

Los bautizados, por  institución de Cristo, viven la realidad humana y original del matrimonio, en la  forma sobrenatural del sacramento, signo e instrumento de Gracia.  La historia de la salvación está atravesada por el tema de la alianza esponsal,  expresión significativa de la comunión de amor entre Dios y los hombres y clave  simbólica para comprender las etapas de la alianza entre Dios y su pueblo. El centro de la revelación del proyecto de amor divino es el don que Dios hace a  la humanidad de su Hijo Jesucristo, « el Esposo que ama y se da como Salvador de  la humanidad, uniéndola a sí como su cuerpo. El revela la verdad original del  matrimonio, la verdad del "principio" (cf. Gn 2,24; Mt 19,5) y,  liberando al hombre de la dureza del corazón, lo hace capaz de realizarla  plenamente ». Del amor esponsal de Cristo por la Iglesia, cuya  plenitud se manifiesta en la entrega consumada en la Cruz, brota la  sacramentalidad del matrimonio, cuya Gracia conforma el amor de los esposos con  el Amor de Cristo por la Iglesia.  El matrimonio, en cuanto sacramento, es  una alianza de un hombre y una mujer en el amor (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 219).

Los pastores y el Pastor: pasado y futuro (34, 1-31)

1El Señor me dirigió la palabra:

2- Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza y diles: Esto dice el Señor Dios: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No es función de los pastores apacentar el rebaño?

3Habéis bebido la leche de las ovejas, os habéis vestido con su lana y habéis sacrificado a las más rollizas: no habéis apacentado el rebaño.

4No habéis robustecido a las ovejas débiles, no habéis curado a las enfermas, no habéis vendado a las heridas, no habéis recuperado a las descarriadas, no habéis buscado a las perdidas, sino que las habéis dominado con dureza y violencia.

5Han andado dispersas, sin pastor, convertidas en presa de todas las fieras del campo.

6Mi rebaño anda errante por todos los montes y colinas, disperso por todo el país, sin que nadie se preocupe por él ni lo busque.

7Por eso, escuchad, pastores, la palabra del Señor.

8Lo juro por mí mismo -oráculo del Señor Dios-: Habéis abandonado a mi rebaño a merced del pillaje, hasta convertirlo, por falta de pasto, en presa de todas las fieras del campo; no os habéis preocupado de mi rebaño y os habéis apacentado a vosotros mismos, en lugar de apacentar a mi rebaño;

9pues escuchad ahora, pastores, la palabra del Señor.

10Esto dice el Señor Dios: Aquí estoy, enfrentado a los pastores. Voy a exigir que me devuelvan mi rebaño, voy a poner fin a su oficio de pastores; ya no volverán a apacentarse a sí mismos; arrancaré a mis ovejas de sus fauces para que ya no les sirvan de alimento.

11Esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré a mi rebaño y velaré por él.

12Del mismo modo que el pastor vela por sus ovejas cuando andan dispersas, así velaré yo por mis ovejas y las sacaré de todos los lugares por donde se habían dispersado en días de densa niebla.

13Las sacaré de los pueblos y las reuniré de los países; las traeré a su tierra y las pastorearé por los montes de Israel, por las cañadas y por todas las zonas habitadas del país.

14Las apacentaré en pastos deliciosos, y su majada estará en las altas cumbres de Israel. Reposarán en majada deleitosa y pacerán en tiernos pastos por los montes de Israel.

15Yo mismo reuniré a mis ovejas y las pastorearé -oráculo del Señor Dios-.

16Buscaré a las ovejas perdidas y haré volver a las descarriadas; vendaré a las heridas y robusteceré a las débiles. Por lo que respecta a las robustas, las apacentaré como se debe.

17En cuanto a vosotras, ovejas mías, esto dice el Señor Dios: Aquí estoy, dispuesto a juzgar entre ovejas y ovejas, entre carneros y machos cabríos.

18¿Os parece poco el delicioso pasto en el que pastáis, que encima pisoteáis el resto de vuestros pastos? ¿Os parece poco el caudal de agua en el que abreváis, que encima enturbiáis con vuestros pies el agua restante?

19Mis ovejas tienen que pastar lo que vosotros habéis pisoteado y tienen que beber el agua que vuestros pies han enturbiado.

20Por eso, así dice el Señor Dios: Yo mismo juzgaré entre ovejas gordas y ovejas flacas.

21Puesto que habéis embestido con el costado y el lomo, y habéis acorneado a todas las ovejas débiles hasta dispersarlas y expulsarlas,

22voy a poner a salvo a mi rebaño, para que no vuelva a ser presa de nadie, y voy a juzgar entre ovejas y ovejas.

23Pondré a su servicio un pastor que las apaciente: a mi siervo David. Él se encargará de apacentarlas y de ser su pastor.

24Yo, el Señor, seré su Dios; y David será su príncipe. Yo, el Señor, he hablado.

25Haré con ellos una alianza de paz y expulsaré para siempre del país a las fieras salvajes. Habitarán tranquilamente en la estepa y dormirán en los bosques.

26Los asentaré en torno a mi colina y haré que la lluvia llegue a su tiempo: será una lluvia de bendición.

27Los árboles del campo darán su fruto y la tierra producirá su cosecha; así estarán tranquilamente en su tierra. Y reconocerán que yo soy el Señor cuando rompa las ataduras de su yugo y los libere de quienes los mantienen esclavizados.

28Ya no servirán de botín a otras naciones ni los devorarán las bestias salvajes: vivirán tranquilos sin que nadie los atemorice.

29Les proporcionaré prósperas plantaciones, de modo que ya nadie muera de hambre en el país, ni las naciones vuelvan a ultrajarlos.

30Y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios, y que ellos, los israelitas, son mi pueblo -oráculo del Señor Dios-.

31Vosotros sois mi rebaño, las ovejas que apaciento, y yo soy vuestro Dios. -Oráculo del Señor Dios-.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

Quien reconoce su pobreza ante  Dios, en cualquier situación que viva, es objeto de una atención particular por  parte de Dios: cuando el pobre busca, el Señor  responde; cuando grita, Él lo escucha. A los pobres se dirigen las promesas  divinas: ellos serán los herederos de la alianza entre Dios y su pueblo. La  intervención salvífica de Dios se actuará mediante un nuevo David (cf. Ez 34,22-31), el cual, como y más que el rey David, será defensor de los pobres y  promotor de la justicia; Él establecerá una nueva alianza y escribirá una nueva  ley en el corazón de los creyentes (cf. Jr 31,31-34).

La pobreza, cuando es aceptada o buscada con espíritu religioso,  predispone al reconocimiento y a la aceptación del orden creatural;  en esta perspectiva, el « rico » es aquel que pone su confianza en las cosas que  posee más que en Dios, el hombre que se hace fuerte mediante las obras de sus  manos y que confía sólo en esta fuerza. La pobreza se eleva a valor moral cuando  se manifiesta como humilde disposición y apertura a Dios, confianza en Él. Estas  actitudes hacen al hombre capaz de reconocer lo relativo de los bienes  económicos y de tratarlos como dones divinos que hay que administrar y  compartir, porque la propiedad originaria de todos los bienes pertenece a Dios (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 324).

 

Explicación de la desolación y promesa de restauración (36, 1-37)

1En cuanto a ti, hijo de hombre, profetiza así sobre los montes de Israel: ¡Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor!

2Esto dice el Señor Dios: Por haber dicho el enemigo de vosotros: "Ja, estas alturas eternas han pasado a ser posesión nuestra",

3profetiza y diles: Esto dice el Señor Dios: Puesto que todos cuantos os rodean os han devastado y codiciado, hasta el punto de convertiros en propiedad de las restantes naciones, blanco de las habladurías y de la difamación de la gente,

4escuchad, montes de Israel, la palabra del Señor Dios. Esto dice el Señor Dios a los montes, a las colinas, a los valles y vaguadas, a las ruinas devastadas y a las ciudades abandonadas, convertidas en botín y hazmerreír ante las naciones que los rodean.

5Sí, esto dice el Señor Dios: Movido por el fuego de mi celo, hablo contra las demás naciones y contra todo Edom, que, con el corazón rebosante de gozo y con el alma henchida de desprecio, se apoderaron de mi país como si fuera posesión suya, para entregar su pastizal al pillaje.

6Por eso, profetiza sobre la tierra de Israel; di a los montes, a las colinas, a las vaguadas y a los valles: Esto dice el Señor Dios: Aquí estoy, hablando lleno de celo y de cólera, pues habéis tenido que soportar el ultraje de las naciones.

7Por eso, así dice el Señor Dios: Juro solemnemente que las naciones que os rodean tendrán que soportar sus propios ultrajes.

8Pero vosotros, montes de Israel, echaréis follaje y produciréis frutos para mi pueblo Israel, pues está a punto de volver.

9Aquí me tenéis, vuelto hacia vosotros: seréis cultivados y sembrados.

10Multiplicaré los habitantes de Israel; las ciudades serán habitadas y las ruinas reconstruidas.

11Multiplicaré personas y animales, que serán numerosos y fecundos. Haré que pobléis el país como antaño y mejoraré la situación que teníais antes; así reconoceréis que yo soy el Señor.

12Haré que por vosotros -pueblo mío de Israel- transiten personas. Tomarán posesión de ti, te convertirás en su heredad y no volverás a dejarles sin hijos.

13Esto dice el Señor Dios: Puesto que dicen de ti que devoras a la gente y que has dejado a tu nación sin hijos,

14ten presente que ya no devorarás más gente y que tu nación no quedará sin hijos -oráculo del Señor Dios-.

15No permitiré que se vuelvan a oír los ultrajes que te dirigen las naciones ni que tengas que soportar los insultos de los pueblos; tampoco tu nación se quedará sin hijos -oráculo del Señor Dios-.

16El Señor me dirigió la palabra:

17- Hijo de hombre, los israelitas contaminaron su tierra con su conducta y sus acciones; su conducta me resultaba impura como una menstruación femenina.

18Entonces derramé sobre ellos mi cólera, a causa de la sangre que derramaron sobre el país, al que contaminaron con sus acciones.

19Los dispersé por las naciones y los aventé por otras tierras: los juzgué como merecía su conducta y sus acciones.

20Cuando llegaron a esas naciones profanaron mi santo nombre hasta el punto de que se decía de ellos: "Son el pueblo del Señor y han tenido que salir de su tierra".

21Así que tuve que defender mi santo nombre, profanado por Israel en todas las naciones por donde había ido.

22Por eso, di a los israelitas: Esto dice el Señor Dios: No hago esto por consideración a vosotros, pueblo de Israel, sino por mi santo nombre, que habéis profanado en las naciones por donde habéis ido.

23Santificaré mi nombre glorioso, profanado por vosotros entre las naciones, y reconocerán las naciones que yo soy el Señor -oráculo del Señor Dios- cuando vean que me sirvo de vosotros para manifestar mi santidad.

24Os tomaré de entre las naciones, os reuniré de entre todos los países y os traeré a vuestra tierra.

25Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas; pienso purificaros de todos vuestros ídolos.

26Os daré un corazón nuevo y derramaré un espíritu nuevo en medio de vosotros; os arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.

27Derramaré mi espíritu en medio de vosotros y haré que os portéis conforme a mis normas: respetaréis y cumpliréis mis leyes.

28Habitaréis en el país que di a vuestros antepasados; seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

29Os pondré a salvo de todas vuestras inmundicias; haré que el grano abunde y se multiplique, y no dejaré que paséis hambre.

30Multiplicaré los frutos de los árboles y la cosecha del campo, para que no tengáis que soportar de nuevo entre las naciones el oprobio que supone pasar hambre.

31Entonces os acordaréis de vuestra conducta indigna y de vuestras malas acciones, y sentiréis asco de vosotros mismos, de vuestros pecados y de vuestras abominaciones.

32Que quede claro que no haré eso por consideración a vosotros -oráculo del Señor Dios-; avergonzaos y abochornaos de vuestra conducta, pueblo de Israel.

33Esto dice el Señor Dios: El día en que os purifique de todos vuestros pecados, repoblaré las ciudades y serán reconstruidas las ruinas;

34la tierra devastada será cultivada, dejará de ser aquella desolación que contemplaban todos cuantos pasaban.

35Y la gente dirá: Aquella tierra devastada se ha convertido en un jardín de Edén, y las ciudades arruinadas, devastadas y demolidas se han transformado en fortalezas habitadas.

36Y las naciones que han sobrevivido en torno a vosotros reconocerán que yo, el Señor, he reconstruido lo demolido y he replantado lo devastado. Yo, el Señor, lo digo y lo hago.

37Esto dice el Señor Dios: Todavía dejaré que me busquen los israelitas, de modo que yo los multiplique como si fueran un rebaño humano,

38un rebaño de reses consagradas, como el rebaño que se concentra en Jerusalén con ocasión de las grandes festividades. De manera parecida, las ciudades arruinadas se llenarán de un rebaño humano. Y reconocerán que yo soy el Señor.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el designio de amor de Dios para la humanidad

Los preceptos del año sabático  y del año jubilar constituyen una doctrina social « in nuce ». Muestran cómo los principios de la justicia y de la solidaridad social están  inspirados por la gratuidad del evento de salvación realizado por Dios y no  tienen sólo el valor de correctivo de una praxis dominada por intereses y  objetivos egoístas, sino que han de ser más bien, en cuanto prophetia futuri,  la referencia normativa a la que todas las generaciones en Israel deben  conformarse si quieren ser fieles a su Dios.

Estos principios se convierten en el fulcro de la predicación  profética, que busca interiorizarlos.  El Espíritu de  Dios, infundido en el corazón del hombre -anuncian los Profetas- hará arraigar  en él los mismos sentimientos de justicia y de misericordia que moran en el  corazón del Señor (cf. Jr 31,33 y Ez 36,26-27). De este modo, la  voluntad de Dios, expresada en el Decálogo del Sinaí, podrá enraizarse de  manera creativa en el interior del hombre. Este proceso de interiorización conlleva una mayor profundidad y un mayor realismo en la acción social, y  hace posible la progresiva universalización de la actitud de justicia y  solidaridad, que el pueblo de la Alianza está llamado a realizar con todos  los hombres, de todo pueblo y Nación (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 25).

 

La llanura de los huesos secos (37, 1-28)

1El Señor puso su mano sobre mí, me sacó por medio de su espíritu y me dejó en medio de la llanura, que estaba llena de huesos.

2Me hizo pasar por entre ellos, de aquí para allá, y pude ver que eran muchísimos; cubrían la superficie de la llanura y estaban completamente secos.

3Me dijo:

- Hijo de hombre, ¿volverán a vivir estos huesos?

Yo respondí:

- Señor Dios, tu lo sabes.

4De nuevo me dirigió la palabra:

- Profetiza sobre estos huesos. Diles: ¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor!

5Esto dice el Señor Dios a estos huesos: Voy a infundir en vosotros un espíritu que os hará revivir.

6Os pondré nervios y haré que os crezca carne; os cubriré de piel y os infundiré un espíritu que os hará revivir. Y reconoceréis que yo soy el Señor.

7Yo profeticé conforme me fue ordenado. Mientras estaba profetizando, oí un ruido y sentí que todo temblaba. Entonces los huesos se ensamblaron entre sí.

8Pude ver cómo les crecían nervios y carne, y cómo se cubrían de piel de abajo arriba. Pero no tenían espíritu.

9Entonces me dijo:

- Habla al espíritu, hijo de hombre, habla al espíritu y dile: "Esto dice el Señor Dios: Espíritu, ven de los cuatro vientos y sopla en estos muertos para que revivan".

10Yo hablé conforme me fue ordenado. Entonces el espíritu penetró en ellos, recobraron la vida y se pusieron de pie. Era un ejército enorme, inmenso.

11Después me dijo:

- Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo entero de Israel. Andan diciendo: "Nuestros huesos están secos, hemos perdido la esperanza, todo ha acabado para nosotros".

12Por eso, profetiza y diles: Esto dice el Señor Dios: Voy a abrir vuestras tumbas y a sacaros de ellas, pueblo mío; os llevaré a la tierra de Israel. 13Y sabréis que yo soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de ellas, pueblo mío.

14Os infundiré un espíritu para que viváis y os estableceré en vuestra tierra. Yo, el Señor, lo digo y lo hago. -Oráculo del Señor-.

 

15El Señor me dirigió la palabra:

16- En cuanto a ti, hijo de hombre, toma una vara y escribe en ella: "Judá y los israelitas asociados a él". Toma otra vara y escribe en ella: "José, vara de Efraín, y todos los israelitas asociados a él".

17Júntalas después de modo que, cuando las agarres, parezcan una sola vara.

18Y, cuando tus compatriotas te digan: "¿No nos vas a decir qué es eso que tienes ahí?",

19les responderás: "Esto dice el Señor Dios: Voy a tomar la vara de José, que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel asociadas a él, y pondré encima de ellas la vara de Judá: así los convertiré en una sola vara; serán una sola cosa en mi mano".

20Sujetarás con la mano las varas en las que has escrito, de modo que las vean,

21y les dirás: Esto dice el Señor Dios: Voy a recoger a los israelitas de entre las naciones por las que han vagado, los reuniré de los países limítrofes y los traeré a su tierra.

22Los convertiré en una nación en el país, en los montes de Israel, y seré para todos un rey único; no volverán a ser dos naciones ni se escindirán de nuevo en dos reinos.

23No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus imágenes y sus crímenes; los pondré a salvo de las infidelidades que cometieron y los purificaré. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

24Mi siervo David será su rey: será un único pastor para todos ellos; se conducirán según mis leyes y respetarán y cumplirán mis normas.

25Se instalarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, donde estuvieron instalados vuestros antepasados; en ella vivirán siempre ellos, sus hijos y sus nietos, y mi siervo David será su príncipe para siempre.

26Haré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna, y haré que se multipliquen. Pondré mi santuario en medio de ellos para siempre;

27mi morada estará junto a ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

28Las naciones reconocerán que yo soy el Señor, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el señorío de Dios

El prototipo de rey elegido  por Yahvéh es David, cuya condición humilde es subrayada con satisfacción por la  narración bíblica (cf. 1 S 16,1- 13). David es  el depositario de la promesa (cf. 2 S 7,13-16; Sal 89,2-38;  132,11-18), que lo hace iniciador de una especial tradición real, la tradición «  mesiánica ». Ésta, a pesar de todos los pecados y las infidelidades del mismo  David y de sus sucesores, culmina en Jesucristo, el « ungido de Yahvéh » (es  decir, « consagrado del Señor »: cf. 1 S 2,35; 24,7.11; 26,9.16; ver  también Ex 30,22-32) por excelencia, hijo de David (cf. la genealogía en: Mt 1,1-17 y Lc 3,23-38; ver también Rm 1,3).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la  desaparición del ideal de un rey que, fiel a Yahvéh, gobierne con sabiduría y  realice la justicia.  Esta esperanza reaparece con  frecuencia en los Salmos (cf. Sal 2; 18; 20; 21; 72). En los oráculos  mesiánicos se espera para el tiempo escatológico la figura de un rey en quien  inhabita el Espíritu del Señor, lleno de sabiduría y capaz de hacer justicia a  los pobres (cf. Is 11,2-5; Jr 23,5-6). Verdadero pastor del pueblo  de Israel (cf. Ez 34,23-24; 37,24), él traerá la paz a los pueblos (cf. Za 9,9-10). En la literatura sapiencial, el rey es presentado como aquel  que pronuncia juicios justos y aborrece la iniquidad (cf. Pr 16,12),  juzga a los pobres con justicia (cf. Pr 29,14) y es amigo del hombre de  corazón puro (cf. Pr 22,11). Poco a poco se va haciendo más explícito el  anuncio de cuanto los Evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento ven  realizado en Jesús de Nazaret, encarnación definitiva de la figura del rey  descrita en el Antiguo Testamento (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 378).

 

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