Proverbios

Sobre las malas compañías (1, 8-19)

8Hijo mío, atiende a la educación paterna y no olvides la enseñanza materna,

9pues serán corona preciosa en tu cabeza, collar alrededor de tu cuello.

10Hijo mío, no consientas cuando los malvados intenten seducirte.

11Tal vez te digan: "Acompáñanos a poner trampas mortales asaltando a inocentes por diversión.

12Nos los tragaremos vivos como el abismo, enteros como los que caen al hoyo.

13Conseguiremos un montón de riquezas y llenaremos nuestras casas de despojos.

14Comparte tu suerte con nosotros y haremos un fondo común".

15Hijo mío, no sigas sus caminos y aleja tus pasos de sus sendas,

16porque corren disparados hacia el mal y van decididos a derramar sangre.

17¿No ves que es inútil poner trampas a la vista de los pájaros?

18Se ponen emboscadas a sí mismos, atentan contra su propia vida.

19Ese es el destino de la avaricia: quienes la practican no viven.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la familia

En la familia se aprende a  conocer el amor y la fidelidad del Señor, así como la necesidad de  corresponderle (cf. Ex 12,25-27; 13,8.14-15; Dt 6,20- 25; 13,7-11; 1 S 3,13); los hijos aprenden las primeras y más  decisivas lecciones de la sabiduría práctica a las que van unidas las virtudes  (cf. Pr 1,8-9; 4,1-4; 6,20-21; Si 3,1-16; 7,27-28). Por todo ello,  el Señor se hace garante del amor y de la fidelidad conyugales (cf. Ml 2,14-15).

Jesús nació y vivió en una familia concreta aceptando todas sus  características propias y dio así  una excelsa dignidad a la institución matrimonial, constituyéndola como  sacramento de la nueva alianza (cf. Mt 19,3-9). En esta perspectiva, la  pareja encuentra su plena dignidad y la familia su solidez (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 210).

 

Proverbios de Salomón (10,1-32)

1Proverbios de Salomón. Hijo sabio, alegría del padre; hijo necio, disgusto de su madre.

2La riqueza deshonesta no aprovecha, pero la justicia libra de la muerte.

3El Señor no deja pasar hambre al justo, reprueba la avaricia del malvado.

4Mano indolente empobrece, manos decididas enriquecen.

5El prudente cosecha en verano, quien se duerme al cosechar merece el desprecio.

6Hay bendiciones para la cabeza del justo, la boca del malvado esconde violencia.

7El recuerdo del justo es bendición, la fama del malvado se apolilla.

8La persona sensata acepta órdenes, labios alocados llevan a la ruina.

9Quien actúa con rectitud camina seguro, quien anda con rodeos queda al descubierto.

10Quien guiña los ojos causa disgustos, quien reprende a la cara favorece la paz.

11Es fuente de vida la boca del justo, la del malvado esconde violencia.

12El odio provoca pendencias, el amor oculta las faltas.

13En labios inteligentes hay sabiduría, una vara para la espalda del insensato.

14Los sabios atesoran saberes, la boca del necio es ruina inminente.

15El alcázar del rico es su hacienda; la amenaza del pobre, su pobreza.

16La recompensa del justo es la vida; la cosecha del malvado, el delito.

17Quien acepta la corrección camina a la vida, quien desprecia la reprensión se extravía.

18Labios embusteros esconden odio, quien difunde calumnias es necio.

19El que mucho habla, mucho yerra; el prudente refrena sus labios.

20Es plata de ley la lengua del justo, la mente malvada simple ganga.

21Los labios del justo instruyen a muchos, los necios perecen por falta de seso.

22La bendición del Señor enriquece sin que nada le añada el esfuerzo.

23Al necio le divierte urdir intrigas; al inteligente, la sabiduría.

24Al malvado le sucede lo que teme, al justo se le cumplen sus deseos.

25Tras la tormenta desaparece el malvado, el justo permanece para siempre.

26Vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quien lo envía.

27El respeto al Señor prolonga la vida, los años del malvado se acortan.

28El porvenir del justo es alegre, la esperanza del malvado perece.

29El camino del Señor es refugio para el recto, ruina para los malhechores.

30El justo siempre se mantendrá firme, los malvados no habitarán la tierra.

31La boca del justo destila sabiduría, la lengua embustera será extirpada.

32Los labios del justo procuran placer; la boca del malvado, perversión.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el trabajo

El trabajo debe ser honrado  porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa,  y, en general, instrumento eficaz contra la pobreza (cf. Pr 10,4). Pero no se debe ceder a la tentación de idolatrarlo,  porque en él no se puede encontrar el sentido último y definitivo de la vida. El  trabajo es esencial, pero es Dios, no el trabajo, la fuente de la vida y el fin  del hombre. El principio fundamental de la sabiduría es el temor del Señor;  la exigencia de justicia, que de él deriva, precede a la del beneficio: « Mejor  es poco con temor de Yahvéh, que gran tesoro con inquietud » (Pr 15,16);  « Más vale poco, con justicia, que mucha renta sin equidad » (Pr 16,8) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 257).

Proverbios de Salomón (12, 1-28)

1Quien ama la educación ama el saber, quien odia la corrección es un estúpido.

2El Señor favorece al que es bueno y condena al malintencionado.

3Nadie está seguro en la maldad, la raíz de los justos es inconmovible.

4Mujer de valía es corona del marido; la desvergonzada, cáncer de sus huesos.

5Los justos tienen intenciones rectas; los malvados, planes traicioneros.

6Las palabras de los malvados son trampas mortales; las de los honrados, fuente de salvación.

7El malvado se derrumba y desaparece mientras la casa del justo sigue en pie.

8Por su buen juicio es alabada una persona, la mente retorcida es despreciada.

9Más vale un don nadie bien servido que un presuntuoso hambriento.

10El justo se preocupa de su ganado, las entrañas del malvado son crueles.

11Quien cultiva su tierra se harta de pan, quien persigue quimeras es un insensato.

12La codicia es la red del malvado, la raíz de los justos da fruto.

13El malvado se enreda en sus propias mentiras, el justo sale airoso del apuro.

14Cada uno se alimenta de sus palabras y recoge el producto de sus manos.

15El necio cree que lleva buen camino, el sabio se deja aconsejar.

16El enfado del necio se percibe al instante, el prudente disimula la afrenta.

17Quien dice verdad hace brillar la justicia, el testigo falso difunde mentira.

18Habla el charlatán y da puñaladas, habla el sabio y todo lo sana.

19Labios veraces se mantienen siempre; lengua mentirosa, sólo un instante.

20Hay mentira en la mente de los que traman el mal, alegría en la de quienes promueven la paz.

21Al justo no le alcanza ningún daño, los malvados están llenos de males.

22El Señor detesta los labios mentirosos y concede su favor a los sinceros.

23La persona prudente oculta su saber, la insensata pregona su necedad.

24La persona laboriosa alcanzará el mando, a la perezosa le tocará servir.

25La angustia deprime al ser humano, una palabra buena lo hace feliz.

26El justo se aparta del mal, al malvado lo extravía su camino.

27El perezoso nunca logra asar su caza, no hay mayor riqueza que una persona diligente.

28La senda de la justicia conduce a la vida; el camino del rencor lleva a la muerte.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: la promoción de la paz

En la Revelación bíblica, la  paz es mucho más que la simple ausencia de guerra: representa la plenitud de la  vida  (cf. Ml 2,5); más que una construcción  humana, es un sumo don divino ofrecido a todos los hombres, que comporta la  obediencia al plan de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios sobre su  pueblo: « Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz » (Nm 6,26).  Esta paz genera fecundidad (cf. Is 48,19), bienestar (cf. Is 48,18), prosperidad (cf. Is 54,13), ausencia de temor (cf. Lv 26,6) y alegría profunda (cf. Pr 12,20) (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 489).

Proverbios de Salomón (16, 1-33)

1El ser humano propone, pero es Dios el que dispone.

2A uno le puede parecer intachable su conducta, pero el Señor juzga las intenciones.

3Encomienda al Señor tus obras y se realizarán tus planes.

4El Señor hace todo con un fin: al malvado, para el día del castigo.

5El Señor aborrece toda arrogancia, seguro que no la dejará impune.

6Amor y verdad reparan delitos, el respeto al Señor aparta del mal.

7Cuando el Señor aprueba a alguien, hasta con sus enemigos lo reconcilia.

8Más vale poco con justicia que muchas ganancias ilícitas.

9El ser humano proyecta su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos.

10El rey habla de parte de Dios, su boca no yerra en el juicio.

11Balanza y platillos exactos son del Señor, todas las pesas son obra suya.

12Es detestable que los reyes hagan el mal, pues la justicia sustenta su trono.

13El rey se complace en los labios sinceros y ama al que habla rectamente.

14La ira del rey es presagio de muerte, pero el sabio consigue aplacarla.

15El rostro radiante del rey es promesa de vida, su favor es nube preñada de lluvia.

16Mejor es comprar sabiduría que oro, más vale comprar inteligencia que plata.

17La senda del honrado se aparta del mal, quien vigila su conducta protege su vida.

18La soberbia precede a la ruina y el orgullo al fracaso.

19Más vale rebajarse entre pobres que compartir botín de soberbios.

20Al que atiende la palabra le irá bien, dichoso quien confía en el Señor.

21Mente sabia es garantía de prudencia, palabras amables consiguen persuadir.

22La sensatez es vida para su dueño, la necedad es el castigo del necio.

23A mente sabia palabras prudentes y labios persuasivos.

24Panal de miel son las palabras amables: endulzan el alma y sanan el cuerpo.

25Hay caminos que parecen rectos y al final son caminos de muerte.

26La penuria del obrero lo impulsa a trabajar, pues su hambre lo apremia.

27Persona desalmada excava maldad y echa por sus labios fuego abrasador.

28Persona perversa provoca peleas; si es chismosa, separa a los amigos.

29Persona violenta seduce a su prójimo y lo arrastra a cometer el mal.

30El que guiña los ojos medita engaños, quien se muerde los labios ya ha hecho el mal.

31Las canas son aureola de gloria que se consigue practicando la justicia.

32Más vale paciente que valiente, dueño de sí que conquistador de ciudades.

33Los dados se tiran sobre el tablero, pero la decisión depende del Señor.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: el señorío de Dios

El prototipo de rey elegido  por Yahvéh es David, cuya condición humilde es subrayada con satisfacción por la  narración bíblica (cf. 1 S 16,1- 13). David es  el depositario de la promesa (cf. 2 S 7,13-16; Sal 89,2-38;  132,11-18), que lo hace iniciador de una especial tradición real, la tradición «  mesiánica ». Ésta, a pesar de todos los pecados y las infidelidades del mismo  David y de sus sucesores, culmina en Jesucristo, el « ungido de Yahvéh » (es  decir, « consagrado del Señor »: cf. 1 S 2,35; 24,7.11; 26,9.16; ver  también Ex 30,22-32) por excelencia, hijo de David (cf. la genealogía en: Mt 1,1-17 y Lc 3,23-38; ver también Rm 1,3).

El fracaso de la realeza en el plano histórico no llevará a la  desaparición del ideal de un rey que, fiel a Yahvéh, gobierne con sabiduría y  realice la justicia.  Esta esperanza reaparece con  frecuencia en los Salmos (cf. Sal 2; 18; 20; 21; 72). En los oráculos  mesiánicos se espera para el tiempo escatológico la figura de un rey en quien  inhabita el Espíritu del Señor, lleno de sabiduría y capaz de hacer justicia a  los pobres (cf. Is 11,2-5; Jr 23,5-6). Verdadero pastor del pueblo  de Israel (cf. Ez 34,23-24; 37,24), él traerá la paz a los pueblos (cf. Za 9,9-10). En la literatura sapiencial, el rey es presentado como aquel  que pronuncia juicios justos y aborrece la iniquidad (cf. Pr 16,12),  juzga a los pobres con justicia (cf. Pr 29,14) y es amigo del hombre de  corazón puro (cf. Pr 22,11). Poco a poco se va haciendo más explícito el  anuncio de cuanto los Evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento ven  realizado en Jesús de Nazaret, encarnación definitiva de la figura del rey  descrita en el Antiguo Testamento (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 378).

 

Proverbios de Salomón (22, 1-16)

1Más vale fama que grandes riquezas; mejor que oro y plata, la buena estima.

2En una cosa coinciden el rico y el pobre: a ambos los hizo el Señor.

3El prudente ve el peligro y se esconde, los incautos se arriesgan y lo pagan.

4Humildad y respeto al Señor traen riqueza, vida y honor.

5Espinos y trampas en la senda del perverso, quien cuida su vida se aleja de ellos.

6Enseña al muchacho al comienzo de su camino y ni de viejo se apartará de él.

7El rico domina a los pobres, el deudor es esclavo de su acreedor.

8Quien siembra injusticia cosecha desgracias, la vara de su arrogancia se quebrará.

9El generoso será bendecido por compartir su pan con el pobre.

10Aleja al insolente y se irá la discordia, cesarán disputas e insultos.

11Corazón sincero y labios afables se granjearán la amistad del rey.

12El Señor vela por el sabio y confunde las palabras del pérfido.

13El perezoso dice: "Afuera hay un león, me matará en medio de la calle".

14Fosa profunda es la boca de la extraña, el que ofende al Señor caerá en ella.

15Necedad y juventud caminan unidas, un castigo a tiempo logrará separarlas.

16Quien explota a un pobre lo enriquece, el que da a un rico lo empobrece.

Clave de lectura a la luz de la doctrina social de la Iglesia: pobreza y riqueza

En el Antiguo Testamento se  encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza. Por un  lado, de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados  necesarios para la vida: en ocasiones, la abundancia  -pero no la riqueza o el lujo- es vista como una bendición de Dios. En la  literatura sapiencial, la pobreza se describe como una consecuencia negativa del  ocio y de la falta de laboriosidad (cf. Pr 10,4), pero también como un  hecho natural (cf. Pr 22,2). Por otro lado, los bienes económicos y la  riqueza no son condenados en sí mismos, sino por su mal uso. La tradición  profética estigmatiza las estafas, la usura, la explotación, las injusticias  evidentes, especialmente con respecto a los más pobres (cf. Is 58,3-11; Jr 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Mi 2,1-2). Esta  tradición, si bien considera un mal la pobreza de los oprimidos, de los débiles,  de los indigentes, ve también en ella un símbolo de la situación del hombre  delante de Dios; de Él proviene todo bien como un don que hay que administrar y  compartir (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 323).

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